Concentración en Cort por el desalojo de la antigua prisión de Palma. - EUROPA PRESS
PALMA 12 Jun. (EUROPA PRESS) -
Alrededor de medio centenar de personas se han concentrado este viernes en la plaza de Cort de Palma para protestar por el desalojo de los últimos 80 residentes de la antigua prisión y señalar que estas actuaciones "no harán que desaparezca el problema" del sinhogarismo.
Los allí presentes han exhibido carteles en los que se podía leer que "desproteger a las personas que malviven en Ciutat, no es para colgarse una medalla" o han coreado consignas para rechazar que haya "gente sin casa y casas sin gente", la presencia de especuladores o la policía en los barrios y llamar a la unidad de clase contra el racismo.
El portavoz del Sindicat de l'Habitatge de Palma, Miquel Durán, ha señalado que este "macrodesalojo" ha sido un proceso "largo", ya que era una iniciativa que provendría de la anterior legislatura municipal. Esta vez ha señalado que cuando se decidió expulsar los residentes se puso un control policial las 24 horas en los accesos, con la identificación de todas las personas que querían entrar.
Por eso, ha señalado el proceso de "coacciones" y "amenazas" para las personas en situación irregular, puesto que a las "pocas alternativas" que les ofrecían "no podían acceder". Finalmente, ha reprochado que este miércoles se haya llevado a cabo el desalojo forzoso de las últimas 80 personas, junto con las que se fueron previamente, "sin ningún tipo de alternativa habitacional".
Consultado por los argumentos que se han ofrecido desde el Ayuntamiento de Palma que sí les habrían ofrecido estas alternativas, el representante sindical ha apuntado que el 75 por ciento de los residentes estarían en situación irregular, lo que les impediría acceder a estos recursos.
Además, ha manifestado que al 25 por ciento restante las alternativas que les ofrecían "no eran reales", ya que ha incidido en que lo máximo que se les planteaba era cubrir dos semanas de gastos en un albergue.
A las 80 personas que quedaban se les ha ofrecido dos noches en unos barracones en el Parque de Bomberos, con restricciones horarias y "solo podían entrar con una mochila". "Esto no son alternativas", ha rematado.
Preguntado por dónde han ido la gente desahuciada de este inmueble, ha aseverado que ha habido gente a la que "le han perdido la pista" y otros sí fueron al parque de Bomberos, aunque ha puntualizado que sin alternativa "se quedan en la calle" y, si se van a algún parque, "a los dos días les volverán a expulsar".
"La gente se ha ido a descampados o donde no les vean, porque la política actual es que esconderlos, hacer ver que la situación tan violenta de crisis de acceso a la vivienda no existe o suavizarla y a quien molesta, expulsarle donde se no se les vea", ha explicado.
La portavoz de la Organización Juvenil Socialista de Mallorca, Emma Crespí, ha censurado que en Palma haya 10.000 pisos vacíos y centenares de personas que viven en infraviviendas o en la calle. Por eso ha reivindicado que estos pisos se utilicen para alojar a esta gente, para que "nadie se vea obligado a vivir en esta situación de exclusión".
En la lectura del manifiesto, los convocantes han subrayado que este desalojo no ha sido un "hecho aislado", sino que lo enmarcan en la "profunda crisis que hace imposible acceder a una vivienda para la clase trabajadora" y dentro de una "oleada reaccionaria que criminaliza la pobreza y a los migrantes".
Asimismo, han indicado que por mucho que el Ayuntamiento de Palma "intente invisibilizar" las consecuencias de la crisis de la vivienda, esta "no para de crecer". "Cada vez hay más personas viviendo en la calle y el Ayuntamiento puede hacer todo lo que quiera para intentar esconderlas, expulsarlas de espacios como la prisión o los parques pero esto no hará que el problema desaparezca", han pronosticado.
Al mismo tiempo, han puesto el caso de la antigua prisión como una de las consecuencias "más feroces" del sistema capitalista y han advertido que las instituciones "no darán una respuesta real en ningún caso", ya que, a su juicio, "no buscan atajar el problema, sino hacerlo más amable mientras la clase trabajadora sufre día tras día".
"Ante la guerra del último contra el penúltimo que promueven, hay que tenerlo claro: Contra los discursos racistas y la criminalización de la pobreza, responder como clase", han concluido.