Publicado 18/11/2015 22:07CET

Los ataques y el aumento de la criminalidad en Malí dificultan el trabajo de las organizaciones humanitarias

Enfrentamientos en Kidal (Malí)
STRINGER . / REUTERS

DAKAR, 18 Nov. (Reuters/EP) -

Los incesantes ataques a los trabajadores humanitarios y sus intalaciones, la escalada en los niveles de criminalidad y las tensiones tribales en el norte de Malí están entorpeciendo las labores de las ONG para acceder a algunas de las comunidades más vulnerables, según han señalado distintas organizaciones humanitarias.

"Las dificultades que encontramos en nuestro trabajo afectan ante todo a la población más vulnerable --para estos hombres, mujeres y niños la ayuda humanitaria que reciben es, a menudo, una cuestión de supervivencia--", ha señalado el coordinador de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), Mbaranga Gasarabwe.

Según este organismo de Naciones Unidas, los enfrentamientos armados en el norte del país han descendido desde el acuerdo de paz suscrito en junio entre el Gobierno y la alianza rebelde liderada por los tuareg, lo que ha permitido retomar las operaciones humanitarias que habían sido suspendidas. Aún así, estas actividades continúan siendo ralentizadas por ataques dirigidos a civiles y cooperantes, que incluyen secuestros, robos y saqueos.

La semana pasada, una bomba explosionó en las instalaciones de una ONG en el pueblo de Menaka, en el norte del país, lo que ha elevado a 30 el número de ataques a organizaciones humanitarias, de acuerdo con datos aportados por la OCHA, en lo que va de año. Los niveles de violencia también han restringido en más de 60 ocasiones el acceso de personal a las zonas más necesitadas de Malí.

Estos ataques y la amenaza de secuestros han dificultado los desplazamientos de la población y de los trabajadores humanitarios, ha señalado Luis Encinas, representante de Médicos Sin Fronteras. "La falta de doctores, enfermeras y suministros en áreas de difícil acceso dejan cada vez a un mayor número de personas en situaciones de peligro o de vulnerabilidad ante el brote de enfermedades, como la malaria, la meningitis o el sarampión", ha añadido.

CERCA DE 138.000 REFUGIADOS

El progreso político no se ha visto reflejado en las comunidades, donde la tensión y los ataques continúan forzando a las personas a abandonar sus hogares, ha señalado la directora del Consejo Noruego para Refugiados en Malí, Muriel Tschopp. Los ciudadanos no son conscientes del acuerdo de paz por el severo incremento de la criminilidad, "cuando una cosa mejora la seguridad en Malí, otra empeora, es un círculo vicioso", ha precisado Tschopp.

Más de 60.000 personas viven como desplazados dentro de las fronteras de Malí, mientras que 138.000 se refugian en países colindantes, como Burkina Faso, Mauritania y Níger, ha señalado Gasarabwe. En las últimas semanas, miles de personas han huído de las luchas tribales, de la anarquía y la escasez de alimentos, lo que ha motivado que el número de refugiados en Níger sea el más alto registrado desde que estallara el conflicto en 2012, ha precisado el coordinador de la ONU.

La guerra comenzó hace cerca de tres años, cuando una coalición de separatistas rebeldes y milicianos vinculados a Al Qaeda se hicieron con el control del norte del país. Los grupos insurgentes fueron expulsados de la zona ocupada en el año 2013, gracias a la intervención francesa. El armisticio decretado por la ONU en junio excluyó a los islamistas, que continuaron realizando ataques esporádicos a pesar de la presencia de 3.000 soldados galos y miles de 'cascos azules'.

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