Actualizado 29/09/2019 09:20 CET

China celebra sus 70 años como República Popular con importantes desafíos políticos y económicos

Vista de la plaza de Tiananmen de Pekín
Vista de la plaza de Tiananmen de Pekín - REUTERS / KIM KYUNG HOON - Archivo
 El gigante asiático atraviesa "la peor situación de Derechos Humanos desde la masacre de Tiananmen"

MADRID, 29 Sep. (EUROPA PRESS) -

China celebra este 1 de octubre el 70º aniversario de su existencia como República Popular, es decir, bajo los mandos del todopoderoso Partido Comunista (PCCh), una fecha que el Gobierno pretendía convertir en un gran festejo pero que estará irremediablemente empañado por las protestas democráticas en Hong Kong y la guerra comercial con Estados Unidos.

El Día Nacional conmemora la fundación de la República Popular de China, en un discurso pronunciado por Mao Tse Tung el 1 de octubre de 1949 tras la victoria del Partido Comunista, liderado por él, en el conflicto civil contra el Partido Nacionalista o Kuomintang, capitaneado por Chiang Kai Shek, que siguió a la Segunda Guerra Mundial. "El pueblo chino se ha puesto en pie", proclamó.

"La nación china, humillada durante décadas en las que estuvo sometida a agresiones exteriores (...) iniciaba una nueva etapa en la que iba a recuperar su soberanía y poco a poco iba a superar su debilidad y recuperar también el papel de gran potencia que por su población e historia le correspondía", explica Enrique Fanjul en un análisis para el Real Instituto Elcano.

El PCCh, fundado casi cuarenta años antes en una casa del barrio shangainés de Xintiandi, se erigió como el único partido --el Kuomintang se exilió con sus seguidores en Taiwán, origen de los problemas entre el continente y la isla--, llamado a gobernar bajo los postulados marxistas-leninistas, aunque siempre con las características propias de China.

"El PCCh ha liderado al pueblo chino en duras y tortuosas luchas que han resultado en la gran victoria de la nueva revolución democrática, la transformación socialista y la construcción socialista (...) La China moderna refleja claramente que sin el Partido Comunista no habría una nueva China", señala el mismo partido.

Heredero de las formas de la administración imperial, basadas en la doctrina de funcionariado meritocrático de Confucio, el PCCh cuenta con 90 millones de miembros cuya representación se va destilando a través del Comité Central, con unos 400 miembros, y otras estructuras internas hasta llegar a los siete miembros permanentes del Politburó.

Tras la fase inicial de construcción de la República Popular y la posterior purga de la Revolución Cultural, que lideró Mao, su sucesor, Deng Xiaoping, emprendió la transición del PPCh desde un gobierno personalista a uno colectivo dando lugar a una etapa de desarrollo económico y apertura al exterior que llega hasta nuestros días con el mandato de Hu Jintao (2003-2013).

En estas siete décadas, China y el propio PCCh han evolucionado. Primero han tolerado y después han incentivado una sociedad de consumo que se ha cimentado y también ha alimentado la prosperidad económica de las últimas décadas, en las que el país ha crecido a un ritmo constante que le ha permitido situarse como potencia global.

Al mismo tiempo ha mantenido el control político en una China donde el crecimiento económico ha significado también mayor desigualdad y, por tanto, mayor descontento y protesta social. Según un estudio de la Universidad de Pekín realizado en 2016, el uno por ciento de los chinos acumula un tercio de la riqueza del país, mientras que el 25 por ciento más pobre solo disfruta del uno por ciento de la misma.

Yaqiu Wang, la investigadora de Human Rights Watch (HRW) para China, ha destacado a este respecto la irrupción de Internet en la década de 1990 como "un espacio libre que muchos pensaron que traería la libertad a China". "Sin embargo, el Gobierno chino ha perfeccionado gradualmente sus habilidades censoras en Internet, bloqueando webs extranjeras y eliminando contenido que puede ser políticamente 'sensible'", ha explicado a Europa Press.

LA ENTRONIZACIÓN DE XI

China inauguró otra etapa con el ascenso de Xi Jinping en el Congreso General del PCCh de 2012. Los expertos coinciden en señalar al actual presidente como el líder chino más importante desde Mao por la reforma constitucional que obró en el cónclave de 2017, con la que consiguió incluir su doctrina 'Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era' y eliminar el límite de mandatos presidenciales.

"El PCCh ha aumentado su control sobre cada aspecto de la sociedad china desde que Xi llegó al poder", ha afirmado Yaqiu, alertando de que podría ir a más en la medida en que el presidente ahora podrá permanecer en el cargo más allá de 2023, perpetuándose en el poder --algo que no ocurría desde Mao--. De hecho, el último informe de HRW sobre China denuncia una "creciente represión" durante el mandato de Xi.

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En este sentido, resulta revelador el llamado 'documento número 9' que se distribuyó en 2013 entre las filas del PCCh con las directrices del nuevo presidente y acabó filtrándose. En él, Xi menciona como amenazas al control del partido "la democracia constitucional occidental", el neoliberalismo, los Derechos Humanos, la prensa independiente y la participación civil.

Para Yaqiu, no hay duda de que "la situación de los Derechos Humanos en China en estos momentos es la peor desde la masacre de Tiananmen". Destaca la persecución a las minorías religiosas y étnicas, especialmente contra los uigures musulmanes, concentrados en Xinjiang. La ONU ha denunciado la existencia de instalaciones clandestinas donde habría un millón detenidos. Pekín matiza que son centros de reclusión voluntaria que educan en contra del extremismo.

UNA FUNCIÓN MILIMETRADA

Este 1 de octubre es el primer gran acontecimiento de la era Xi, una oportunidad única de entronización. Por ello, está previsto un desfile castrense en el que participarán 15.000 efectivos y se exhibirán 160 aviones y otros 580 equipos militares. También se esperan sorpresas, como los misiles balísticos Dondgfeng-41. "Cuanto más fuertes seamos más energía positiva podremos aportar a la paz mundial", argumenta el Ministerio de Defensa.

Para garantizar que el gran día sea un éxito, las autoridades chinas no han dejado nada al azar. Así, solo los civiles y los periodistas seleccionados podrán ser testigos de un desfile que durará 80 minutos y se celebrará en la Plaza de Tiananmen ante la cúpula china, presidida por Xi, y sin asistencia de líderes internacionales.

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Tiananmen ya está fortificada: los hoteles y albergues cercanos han tenido que pedir a sus huéspedes que no salgan durante ciertas horas y muchas tiendas y restaurantes han tenido que cerrar. Además, para asegurarse de que el sol brille en el contaminado cielo de Pekín, las fábricas y lugares de construcción que rodean la capital china tendrán que suspender sus trabajos, según informa BBC.

HONG KONG Y EEUU

Pese a todo ello, el Gobierno chino encara este Día Nacional con dos importantes fuentes de inestabilidad: las protestas democráticas en Hong Kong y la guerra comercial con Estados Unidos.

Los hongkoneses suman ya cuatro meses de protestas que comenzaron por la ley de extradición a la China continental y que han ido escalando hasta reclamar ahora el sufragio universal. Para evitar una manifestación masiva el 1 de octubre, las autoridades regionales han cancelado los festejos, pero ya hay convocada una marcha por el centro de la ex colonia británica.

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En cuanto a la guerra comercial, parece que ahora Washington y Pekín están dispuestos a acordar una salida a la imposición de aranceles y el veto a ciertos productos, pero las tensiones continúan en el mercado de divisas, donde la moneda china ha sido devaluada por debajo del umbral psicológico de 7 yuanes por dólar, de acuerdo con el 'Financial Times'.

Así las cosas, "el PCCh está en máxima alerta y la seguridad se ha reforzado en todo el país", cuenta Yaqiu.

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