Publicado 02/03/2019 08:59CET

La crisis autonómica de Irak deja a Sinyar en la parálisis absoluta, tres años después de Estado Islámico

Ciudad de Sinyar
NRC/TOM PEYRE-COSTA - Archivo

SINYAR (IRAK), 2 Mar. (Reuters/EP) -

Los residentes de la población iraquí de Sinyar, en el norte del país, se enfrentan a condiciones extremas de superviviencia todavía hoy, más de tres años después de la expulsión de Estado Islámico, en medio de un proceso de reconstrucción paralizado, como en otras tantas ciudades despejadas de presencia yihadista, con un matiz especial, las fuerzas implicadas: el Gobierno central de Irak y las autoridades del semiautónomo gobierno regional del Kurdistán.

Los sinyaríes viven bajo tejados colapsados y caminan entre calles bloqueadas por barricadas de metal, señal de que más allá siguen existiendo minas sin detonar. El que fuera vibrante mercado de la ciudad está prácticamente inutilizado, el agua escasea, hay cortes eléctricos, el hospital más cercano está a 45 minutos de distancia y solo hay dos escuelas abiertas.

Y a todo ello se unen dos traumas adicionales: el psicológico, perenne después de la masacre de miles de integrantes de la minoría yazidí por los yihadistas, y el identitario, atrapada como está en esta lucha política.

"Es una ruina. No hemos visto progreso de ningún tipo", lamenta el empresario yazidí Ibrahim Mahmoud Ezzo, de 55 años, propietario de una decena de tiendas, todas dañadas. "No tenemos alcalde, no tenemos consejo local, la gente está perdiendo cada año miles de millones de dinares cada año en propiedad y negocios perdidos", explica.

Por culpa del enfrentamiento entre los gobiernos iraquí y kurdo, todas las quejas acaban en el limbo y los esfuerzos de reconstrucción están bloqueados. "No saben a quién acudir. De verdad, ¿cuánto tiempo más se creen que vamos a esperar?", avisa.

Antes de la llegada de los yihadistas en agosto de 2014, en Sinyar vivían 100.000 personas. Hoy solo quedan una cuarta parte. Todos yazidíes. Ninguna de las otras comunidades ha vuelto. Los procesos de reconociliación están paralizados. Los yazidíes están convencidos de que los suníes ayudaron a Estado Islámico a perpetrar los asesinatos de 3.000 de los suyos, en una purga que Naciones Unidas describió como "acto de genocidio".

EN MEDIO DEL CAOS

Sinyar se encuentra extremadamente compleja, que se extiende a lo largo de las fronteras del Kurdistán iraquí y la vecina Siria, Irán y Turquía.

"El Partido de los Trabajadores del Kurdistán están aquí, la Policía está aquí, las Unidades de Movilización Popular están aquí, el Ejército está aquí", enumera Ezzo. "No entendemos cuál es la situación. Aquí nadie se está enterando de nada".

Durante 14 años --desde la caída de Sadam Husein hasta 2017--, el gobierno semiautónomo del Kurdistán controló la región entera sin muchas objeciones por parte de Bagdad. Entonces, llegó la crisis: un referéndum unilateral de independencia presentado por el Kurdistán desató la ira del Gobierno federal, que se plantó en la zona, expulsó al Gobierno del Kurdistán y a sus fuerzas peshmerga.

En su lugar llegaron el Ejército, la Policía y las Unidades de Movilización Popular, una fuerza paramilitar chií, que ahora custodian el santuario de Sinyar, el lugar de entierro de una de las hijas del imán Husein, el único edificio completamente restaurado en contraste con la devastación de alrededor.

SIN DINERO PARA COMPRAR

A pesar de las dificultades, los granjeros y los aldeanos de Sinyar todavía se reúnen diariamente para una subasta de ovejas en un evento casi simbólico. "Da igual, nadie tiene dinero para comprarlas", explica el comerciante Khodida Qassem, mientras el Gobierno del Kurdistán insiste en que el Gobierno iraquí debe abrirse a la colaboración si quiere salvar el territorio.

"No hay una autoridad legítima, no existe una fuerza de seguridad oficial. No estamos ignorando el problema de Sinyar, es que no nos dejan compartir la responsabilidad de la zona ni eliminan a sus milicias, las UMP incluidas", explica el coordinador del Gobierno de Kurdistán para la defensa, Dindar Zebari.

Y mientras, en los alrededores de la ciudad, todavía hay grupos armados atrincherados para acabar con los restos de Estado Islámico. "Porque está claro que no se han ido del todo", según uno de los combatientes de la filial del PKK en Sinyar. "Vamos a seguir en las montañas para ofrecer ayuda y apoyo donde sea necesario", explica.

A algunos kilómetros de distancia se encuentran las fuerzas yazidíes, lideradas por comandantes como Shesho, que denuncia la presencia de grupos -- que prefiere no nombrar -- con nuevas intenciones desestabilizadoras. "Son extraños a nuestra tierra y quieren que Estado Islámico regrese con otro nombre. Pero, si Dios quiere, fracasarán como Estado Islámico".

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