Actualizado 20/12/2021 11:07 CET

Crisis de desnutrición en Afganistán: el viaje de Parwana hacia la recuperación

Archivo - Parwana es atendida en un hospital apoyado por UNICEF en Herat
Archivo - Parwana es atendida en un hospital apoyado por UNICEF en Herat - UNICEF/SAYAD BIDEL - Archivo

KABUL, 19 Dic. (Por Salam Al-Janabi y Sam Mort, responsables de comunicación de UNICEF Afganistán) -

Malika levanta la manga de su hija, de 4 años, y deja al descubierto un brazo
extremadamente delgado. La pequeña Parwana ha llegado con su madre a un centro de salud apoyado por UNICEF en Herat, Afganistán, justo a tiempo. Apenas le queda energía, su piel está seca y arrugada, sus mejillas huecas. Pesa menos de 9 kilos, la mitad del peso adecuado según su edad y su altura.

En cuanto la asesora de nutrición le mide el antebrazo --una manera rápida de determinar si un niño está desnutrido-- confirma su diagnóstico: desnutrición aguda grave.

Se estima que 3,2 millones de niños y niñas menores de cinco años sufrirán desnutrición aguda en Afganistán el próximo año. Desde UNICEF alertamos de que, si no se actúa urgentemente, más de un millón de esos niños podría morir.

La madre de Parwana se dirige a la farmacia de la clínica para coger los 28 sobres de alimento terapéutico listo para consumir (RUTF, por sus siglas en inglés), una pasta a base de cacahuete que ayuda a los niños desnutridos a recuperar las fuerzas.

UNA SITUACIÓN DESESPERADA PARA LAS FAMILIAS

El riesgo de desnutrición aumenta a la vez que el hambre de las familias. Tras un invierno seco, una débil cosecha y una sequía, casi la mitad de la población de
Afganistán no tiene suficientes alimentos para comer. Muchos no saben de dónde
sacarán su próxima comida.

La madre de Parwana cuenta que, desde que su marido perdió el trabajo, la familia ha sufrido problemas económicos. Él solía comprar pollos a las granjas y venderlos en el mercado, pero algunos días no hay clientes y, por tanto, no hay dinero. Esos días, el único sustento de la familia es un vaso de té caliente y pan.

Como resultado del hambre prolongada, a Parwana le dolía el estómago. La niña se
contraía de dolor y lloraba, nos cuenta la madre.

Una vez que Parwana comienza el tratamiento en la clínica, el cambio es casi
inmediato. Al recobrar la energía y sentirse más fuerte, empieza a interactuar con la gente. Moviendo su cabeza, sonríe y aprieta el dedo de un trabajador de UNICEF.

La asesora de nutrición pide a Malika que vuelva a la clínica con la niña cada semana para hacerle más pruebas y darle más alimento terapéutico hasta que Parwana se recupere por completo.

MEJORA SIGNIFICATIVA

Otras dos semanas más tarde, cuando regresa para otro chequeo, se ve a Parwana
mucho más sana. Sus mejillas están rosadas. La circunferencia de su antebrazo mide
un centímetro más, y ha engordado. Se va de la clínica con otro armamento del
nutritivo alimento terapéutico.

Además de distribuir estos sobres de RUTF, UNICEF está duplicando en terreno el
número de asesores de nutrición y de equipos móviles sanitarios y nutricionales, para que a todos los niños y niñas de las zonas más remotas de Afganistán se les pueda evaluar para saber si sufren desnutrición y, en ese caso, recibir tratamiento.

UNICEF también proporciona suministro y financia a 1.400 puntos de nutrición en todo el país, para apoyar a las enfermeras y los trabajadores sanitarios a medida que identifican y tratan a los niños rápidamente. La organización planea ampliar esta acción durante 2022.

Para tratar de paliar esta crisis humanitaria, UNICEF ha lanzado hace unos días el mayor llamamiento de fondos para Afganistán que se ha hecho en toda su historia
para un solo país: 1.771 millones de euros.

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