Irak debate el destino de 30.000 refugiados en Siria bajo la sospecha de pertenencia a Estado Islámico

Actualizado 25/05/2019 9:56:46 CET
Irak.- Irak debate el destino de 30.000 refugiados en Siria bajo la sospecha de pertenencia a Estado Islámico
REUTERS / ALI HASHISHO - Archivo 

Las autoridades contemplan un posible regreso siempre que exista un método para confirmar sus identidades y garantías de seguridad ante posibles represalias La crítica situación de su actual residencia, el campo de Al Hol, ha convertido el proceso en una lucha contrarreloj

MADRID, 25 May. (EUROPA PRESS) -

En el campo de desplazados de Al Hol, en el noreste de Siria, viven hacinadas 73.000 hombres, mujeres y niños desplazados del antiguo califato proclamado por la organización terrorista Estado Islámico en la república árabe y en la vecina Irak. Entre ellos hay 30.000 iraquíes que podrían iniciar pronto el regreso a su hogar si su gobierno se decide a dar el paso. Sin embargo, las autoridades se enfrentan a una decisión arriesgada, porque aceptar sin más el retorno de la multitud implicaría el regreso a Irak de cientos de yihadistas y simpatizantes de Estado Islámico infiltrados entre los desplazados.

El Gobierno iraquí tiene que actuar lo antes posible porque las condiciones en el campo son insostenibles. A todas las dificultades habituales que comporta la gestión humanitaria de un campo de desplazados, se suma el recelo de la comunidad internacional a donar cualquier tipo de ayuda a las agencias que allí trabajan precisamente por la sospecha de que parte de Al Hol -- su mercado negro, sus estructuras clandestinas, en particular -- están bajo control de Estado Islámico.

Y peor todavía: el campo está en la región de Rojava, escindida del control del Gobierno sirio y bajo control de las milicias kurdas de las Unidades de Protección Popular (YPG), aliadas de Estados Unidos por un lado, enemigas acérrimas de Turquía por otro. Rusia, aliado del Gobierno de Damasco, acusa a las milicias de estar completamente incapacitadas para desempeñar todas las responsabilidades que se le exigen como responsable del bienestar de los residentes del campamento, y de albergar un claro desdén hacia la población de un lugar donde viven no solo sus enemigos yihadistas, sino también sus mujeres e hijos.

Mientras, los muertos aumentan, bien dentro del campo, bien nada más llegar, tras una odisea, a la remota región. El pasado mes de marzo, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) informó de que al menos 138 personas habían muerto en los tres meses previos, la mayoría niños recién nacidos, a causa de la hipotermia. El número de menores fallecidos rebasó los 200 a mediados de abril, según la misma fuente.

ESCONDIDOS

Irak se enfrenta al problema de descubrir quién es yihadista y quién no en un ambiente caótico donde hasta los opuestos se confunden. Las autoridades tienen incluso problemas para distinguir a los simpatizantes de los terroristas de los residentes yazidíes, pertenecientes a una minoría sobre la que Estado Islámico desencadenó una campaña de exterminio, porque éstos tienen miedo de revelar su verdadera identidad.

"Hay que entender la influencia que Estado Islámico ha ejercido sobre esta población durante los últimos años", explicó a principios de mes el portavoz de las YPG, Nuri Mahmud, a la agencia de noticias kurda Rudaw. "Estado Islámico les 'educa', les amenaza, les lava el cerebro. Es una cultura de maltrato que les ha llevado a negar incluso su propia identidad", lamentó.

"Hay muchísimos milicianos ocultos con nombre falso en ese lugar", avisó el portavoz, "y la única forma de desenmascararlos es a través de una investigación", con la pérdida de tiempo que ello supone con vistas a la evacuación definitiva de los residentes del campo.

        Reuters

Sin embargo, esta es la condición que ha impuesto Irak antes de plantearse el retorno, por buenos motivos. Las autoridades iraquíes no quieren que se repita lo ocurrido en Camp Bucca, la prisión clandestina estadounidense donde precisamente estuvo detenido el líder de Estado Islámico, Abú Bakr al Baghdadi, quien sembró desde ahí el germen de la actual organización terrorista. De hecho, nueve de los miembros de su cúpula pasaron por sus instalaciones, entre ellos el número dos de la organización, Abú Muslim al Turkmani, así como el jefe del "estado mayor" del grupo, el ahora fallecido Samir Abd Muhammad al Jlifawi alias 'Haji Bakr'.

Bucca fue el ejemplo esgrimido a principios de año por el primer ministro de Irak, Adel Abdul Mahdi, para explicar la profunda reticencia de su gobierno a la hora de aceptar un retorno en masa. "Tenemos que diferenciar entre las familias a las que Estado Islámico ha tomado como rehenes y las verdaderas familias de Estado Islámico. Nosotros respetamos los derechos humanos pero no podemos permitir que esta gente se reintegre en la sociedad", hizo saber en comentarios al diario 'Asharq Al Awsat'.

DÓNDE VIVIR

Hasta los casos óptimos, en los que, los desplazados han sido claramente identificados sin género de dudas, ofrecen complicaciones debidas a la constante tensión reinante entre las confesiones de Irak, alimentada hasta el extremo por años de la lucha contra el grupo yihadista.

Como Estado Islámico es una organización basada, según sus fundadores, en los principios del sunismo, los desplazados suníes corren el riesgo de acabar ejecutados por milicias rivales chiíes en misión de venganza si acaban devueltos a la zona equivocada. Es un odio histórico que separa a dos grupos que, paradójicamente, han celebrado por igual la derrota territorial del grupo.

Es por ello que responsables iraquíes, como el miembro de la Alta Comisión de Irak para los Derechos Humanos Alí Bayati, abogan por la creación de "áreas especiales de retorno" y la puesta en marcha de un programa de "rehabilitación", para facilitar en la medida de lo posible la reintegración de los desplazados, según explica a Reuters.

Esa "zona especial de retorno" no es otra cosa que un nuevo campo de prisioneros; una opción que lleva cobrando fuerza durante los últimos meses. "Estamos pensando en un lugar especial para contener a esas personas", confirmó a principios de mes un alto cargo del Gobierno iraquí, bajo condición de anonimato, al 'Washington Post', donde volvió a insistir en el tremendo riesgo que supone un retorno desorganizado. "Los suníes van a volver a lugares que ahora están rodeados de gente que ha perdido a sus familias a manos de Estado Islámico. Les van a matar a tiros", avisó.