Para muchos venezolanos, Colombia no es la "vida mejor" que soñaron

Actualizado 05/10/2019 11:34:46 CET
Una trabajadora de MSF habla con una mujer venezolana y su hijo
Una trabajadora de MSF habla con una mujer venezolana y su hijo - ESTEBAN MONTAÑO/MSF - Archivo

MSF trabaja para ayudarles a enfrentar los problemas de salud mental que les han provocado las dificultades vividas

La ONG ha detectado casos de ideas suicidas y también de violencia intrafamiliar y de género, así como de carácter sexual

MADRID, 5 Oct. (EUROPA PRESS) -

Para muchos venezolanos, Colombia era el sueño de una vida mejor. Sin embargo, la realidad que se han encontrado, con problemas para encontrar comida, trabajo o alojamiento, está muy alejada de este ideal y está dejando una profunda huella en su salud mental. Pese a ello, siguen prefiriendo quedarse en este país que regresar a su Venezuela natal.

Garith es una de ellos. Junto a su marido y sus cuatro hijos, de 13, 9, 6 y 5 años, llegó a Colombia el pasado 20 de junio. En su caso, lo que les terminó empujando a salir de Venezuela fue la neumonía de su tercer hijo. Ante la imposibilidad de pagar su tratamiento y por temor a que pudiera empeorar, decidieron marcharse. "Era lo mejor salir de ahí", asegura en entrevista telefónica a Europa Press.

Optaron por Colombia porque estaba cerca y querían "probar suerte", pero también porque en juego estaba la vida de su hijo y la "felicidad" de él y sus hermanos. "Esperábamos encontrar una mejor vida pero, no le voy a mentir, no nos ha ido muy bien", reconoce Garith.

En Venezuela, trabajaba como funcionaria en una prisión y su marido tenía un negocio de compra-venta de materiales. Sus cuatro hijos iban a la escuela y eran buenos estudiantes. Desde que están en Colombia, se lamenta, "no tenemos empleo, hemos tenido que dormir en la calle sobre cartones y hemos tenido que pasar hambre". "Es muy duro", subraya.

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"Hemos llorado mucho", admite Garith, que cuenta que para ella y su marido ha sido "muy difícil" ver a sus hijos en esta situación. "Cómo le explica uno a un hijo que no tiene qué darle de comer, que se aguante y espere para comer", subraya.

La familia tampoco ha tenido mucha suerte por ahora. Según cuenta, estuvieron viviendo con otra familia venezolana que "nos hizo mucho daño", con "acoso sexual" incluido por parte del marido y "humillaciones". "El mayor dolor es que eran otros venezolanos igual que nosotros", se lamenta.

Ella y su marido quieren trabajar, pero entiende que algunos colombianos vean a los venezolanos con suspicacia y temor, ya que "algunos han venido con otra mente" y andan por la "mala vida". No obstante, reconoce que en algunos de los empleos que ha tenido se ha sentido "explotada".

"Uno siente como si se estuvieran aprovechando de uno", subraya, y pone como ejemplo a una mujer que le hacía trabajar desde las 5.30 horas hasta las 19.00 o las 20.00 y solo le pagaba 7.000 pesos (unos 1,8 euros) por todo el día. Aunque deja claro que no todos los colombianos son así y que muchos intentan ayudar.

Pese a todo, mantiene la esperanza de que encontrarán un empleo y que les irá mejor. Por lo pronto, ahora tienen un bono de alimentación del Programa Mundial de Alimentos (PMA) y con ello "tengo para dar de comer a mis hijos y sé que van a estar bien", pero siguen teniendo problemas para pagar el alquiler del pequeño piso en el que vivían.

"GRACIAS A LA PSICÓLOGA TENGO MÁS FUERZAS PARA SEGUIR"

La experiencia vivida ha marcado a Garith y su familia, que han recibido ayuda psicológica por parte de Médicos Sin Fronteras (MSF), que también trató inicialmente a su hijo con neumonía. "Me siento muy agradecida", reconoce la mujer, que explica que gracias a la psicóloga tiene "más fuerza para seguir adelante y seguir luchando por mis hijos".

La ONG viene ofreciendo atención psicosocial y psicológica a muchos de los venezolanos que han cruzado la frontera. En lo que va de año ha realizado casi 2.000 consultas a unos 1.500 pacientes, a lo que se suman casi 24.500 beneficiarios de sus actividades grupales.

"La gran mayoría de los casos son mayores de edad pero también recibimos un número importante de niños", explica a Europa Press Laura Ximena Garzón Triana, supervisora de salud mental de MSF en Norte de Santander y Arauca. En general acuden con ansiedad, depresión o alteraciones del comportamiento porque no saben cómo gestionar su nueva situación, pero también porque les ha afectado mucho tener que dejar atrás su país y a su familia, lo cual les genera "culpa".

En algunos casos más extremos, se han detectado personas con ideas suicidas que ven como "única alternativa la muerte" pero "afortunadamente", resalta, por ahora no ha habido suicidios porque se ha conseguido tratarles a tiempo y no son muchos casos.

CAMBIOS EN EL COMPORTAMIENTO DE LOS NIÑOS

En el caso de los niños, los padres piden ayuda porque sus hijos "están rebeldes, ha habido un cambio en su comportamiento y no acatan las normas y están irritables" tras el "cambio tan brusco" que han vivido y que "ha impactado en su salud mental", señala Garzón.

Los equipos de MSF también se están encontrando con casos de violencia intrafamiliar y de violencia de género, resultado en general de que se han "reagudizado" dinámicas que ya había previamente debido a las dificultades para encontrar trabajo y estabilidad de los padres, precisa la psicóloga. Desde la ONG, intentan trabajar con otras organizaciones en acciones de prevención y concienciación en la materia.

Cuando hay niños afectados, señala, se suele apostar por "espacios familiares" y no tanto individuales y por actividades lúdicas y didácticas, como cuentos, para ayudarles a que puedan expresarse y a "comprender estos cambios y pedir ayuda". "Les ayudamos a identificar las emociones" y a que puedan gestionarlas, añade.

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También acuden en busca de ayuda personas que se han sentido discriminadas y que han sido objeto de "comentarios hirientes" tras su llegada a Colombia, así como víctimas de violencia sexual. En este último ámbito, MSF trabaja junto con las autoridades locales para detectar estos casos "en el menor tiempo posible" y poder ofrecer un "servicio integral" a las víctimas.

Garzón resalta la importancia de los espacios grupales puesto que, además de ayudar a identificar a posibles pacientes, ofrecen "alivio" a las personas ya que ven que "no son los únicos que lo están pasando mal" y compartir entre ellos "herramientas que les han servido".

NO HAY PROFESIONALES DE SALUD MENTAL SUFICIENTES

Pero el principal obstáculo, reconoce la psicóloga de MSF, es la falta de profesionales que puedan atender a los venezolanos que lo necesitan. "En general el acceso a salud mental es muy difícil, incluso para los colombianos", reconoce, pero lamenta que la respuesta en esta crisis migratoria se haya centrado en las grandes ciudades y no se preste tanta atención a las zonas rurales, donde también se han instalado y donde MSF está centrando su actividad.

"La respuesta es muy baja y las capacidades en recursos humanos son limitadas", insiste, subrayando que en los casos de los pacientes que requieren atención psiquiátrica esta no está disponible en los departamentos en los que trabajan.

Pese a esta coyuntura, destaca la psicóloga, "muy pocos quieren regresar a Venezuela". "La mayoría nos expresan su deseo de quedarse en Colombia pese a las dificultades a que se enfrentan aca", señala. "Nosotros mismos nos preguntamos cómo debe ser allí la situación que las personas aún en las condiciones tan precarias en las que viven quieren quedarse", subraya.

Garith es una de ellas. Por ahora no ve "factible" regresar a su país porque "cada día la situación va empeorando y no quiero que mis hijos sufran", asegura, confiada en que la suerte para ella cambiará pronto "con la bendición de Dios".

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