BOGDAN CRISTEL/REUTERS - Archivo
BUCAREST, 8 Abr. (Reuters/EP) -
El expresidente rumano Ion Iliescu ha sido oficialmente imputado este lunes por crímenes contra la humanidad por el fiscal general del país, unos cargos que él ha negado en repetidas ocasiones, en lo que es un punto y seguido a la investigación sobre la sangrienta revolución anticomunista de 1989.
Iliescu tiene 89 años y fue muy popular en el país tras la revuelta contra Nicolae Ceausescu, que fue depuesto y ejecutado en diciembre de 1989 tras unos meses de revueltas en las que cientos de personas murieron. Finalizada la revolución, Iliescu se convirtió en presidente, una acción por la que sus críticos le acusaron de robar la revolución a la gente.
"La finalización de este caso por nuestros fiscales militares es uno de los objetivos más importantes desde que asumí el cargo hace tres años: solucionar los archivos históricos de Rumanía", ha afirmado el fiscal general del país, Augustin Lazar.
La acusación oficial de este lunes llega después de que los fiscales acusaran a Iliescu de planear la formación de un grupo en diciembre de 1989 con el objetivo de hacerse con el poder y la legitimidad política en Rumanía.
Los fiscales consideran que a través de comunicados y con el uso de la televisión, el grupo incurrió en un "amplio y complejo entramado de actividades de distracción y desinformación" tras la huida de Ceausescu de la capital el 22 de diciembre de 1989.
Con este plan, se desató una "psicosis terrorista" general que acarreó "fuego fratricida, disparos y órdenes militares contradictorias" que llevaron en última instancia a la muerte de 862 personas e hirieron a otras 2.150.
Según la investigación, se utilizaron 13 millones de balas. La condena y la apresurada ejecución de Ceausescu y su mujer Elena fue también parte del plan "en un juicio criminal simulado" el 25 de diciembre de 1989, según los fiscales.
Iliescu fue confirmado como presidente interino por un Parlamento temporal en 1990. Como candidato del Frente de Salvación Nacional, ganó las elecciones de mayo de 1990 con un 85 por ciento de los votos, una demostración de apoyo popular que sus críticos no entendieron para una persona que se alejó del régimen poco antes de la revolución.
Sus detractores, tanto domésticos como internacionales, acusaron a Iliescu, que dejó el cargo en 2004, y a otros líderes políticos de bloquear las reformas y proteger la herencia política de las élites del sistema comunista.
Iliescu, que fue educado en Moscú y es hijo de un maquinista de tren, está también en juicio junto al exprimer ministro Petre Roman por crímenes contra la humanidad por cargar contra los manifestantes antigubernamentales en Bucarest en 1990, cuando murieron cuatro personas.