Publicado 07/11/2020 13:40CET

El IRJ inaugura la muestra 'La naturaleza de la bestia' del riojano Zorromono

LOGROÑO, 7 Nov. (EUROPA PRESS) -

La sala de exposiciones de la Escuela Superior de Diseño de La Rioja (ESDIR) acoge la exposición 'La Naturaleza de la Bestia', que firma el joven artista riojano Carlos Ramírez, Zorromono, y que es el resultado del segundo de los Proyectos de Profesionalización galardonados por la XXXIV Muestra de Arte Joven de La Rioja, y desarrollado a lo largo del último año, bajo la tutorización de Julio Hontana.

Esta muestra, que promueve el Instituto Riojano de la Juventud (IRJ) y permanecerá abierta hasta el 8 de diciembre, cuenta con todas las medidas y protocolos de seguridad para garantizar una estancia sin riesgos a todos los visitantes.

"Es un auténtico placer el poder contemplar una vez más el resultado de un largo proceso de desarrollo como ha sido este proyecto de profesionalización, con un artista joven riojano de gran talento, que seguro que dará de qué hablar. Estamos encantados de poder proporcionarle desde el IRJ y la Muestra de Arte Joven un espacio de referencia para que enseñe su obra y contribuir a su difusión, además de reivindicar que la Cultura sigue adelante y es segura", valora Paco Rivero, director del IRJ, sobre esta presentación.

'La Naturaleza de la Bestia' es un proyecto que se esparce por el mapa visibilizando construcciones industriales 'fantasma' de la ciudad, ejemplos de altares efímeros resultado del afán del ser humano por someter a la naturaleza, en los que el artista lleva al límite la técnica de la xilografías para crear piezas de grandísimo formato.

El artista Carlos Ramírez (Nalda, 1987) ha trabajado en estos lugares periféricos, elegidos cuidadosamente por su significado a la hora de reflexionar sobre el sistema de bienestar, como si se tratase de su propio taller.

Espacios de aspecto distópico, inútiles tras la explosión de la burbuja inmobiliaria, que solo funcionan ahora como vertederos ilegales donde se arroja basura y escombros y que Zorromono transforma en zona de trabajo, sirviéndose además de los materiales allí encontrados para incorporarlos a su obra. Los emplazamientos, siempre a la intemperie, o cobijados por tejados y estructuras en ruinas, hacen que esta obra sea totalmente vulnerable a la acción del clima, el tiempo y por supuesto los actos vandálicos.

En medio de esta precariedad intencionada, se cuela en el proyecto un elemento digital, el videojuego, del que el artista se sirve para crear prototipos de las instalaciones. Esto hace posible nuevas reflexiones sobre el trabajo en relación con lo virtual. Un mundo alejado totalmente de la gran carga matérica de la obra de este artista y de sus rutinas de trabajo; que le permite tomar distancia y pensarlo desde otro punto de vista.

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