La tradición del hilado del esparto recala en Fitur con una demostración para dar a conocer este BIC regional

Demostración del hilado de esparto en el estand de Madrural en Fitur 2026
Demostración del hilado de esparto en el estand de Madrural en Fitur 2026 - EUROPA PRESS

MADRID 24 Ene. (EUROPA PRESS) -

La Feria Internacional de Turismo (Fitur) ha servido de escaparate para acercar al gran público una de las tradiciones artesanas más arraigadas del sureste madrileño: el hilado tradicional del esparto, declarado recientemente Bien de Interés Cultural (BIC) por la Comunidad de Madrid en la categoría de patrimonio inmaterial.

La demostración, a cargo del proyecto Habitar el Esparto, ha permitido mostrar en directo en el estand de Madrural el proceso artesanal de elaboración de cuerdas y otros objetos a partir de esta fibra vegetal, vinculada durante siglos a la economía y a la vida cotidiana de amplias zonas rurales de la región. La iniciativa busca contribuir a la divulgación y salvaguarda de un oficio que estuvo a punto de desaparecer y cuya memoria se conserva hoy gracias al testimonio de antiguos trabajadores y artesanos.

La directora del proyecto, Esther San Vicente, ha explicado a Europa Press que la declaración como BIC reconoce específicamente la técnica tradicional de la hilada del esparto, una labor manual que fue clave en municipios como Villarejo de Salvanés, donde la fabricación de cordelería llegó a convertirse en una auténtica potencia económica durante los años de la posguerra. "El esparto crece de forma natural en estos campos, es una planta extremadamente resistente a la aridez, a la falta de lluvias y a las grandes oscilaciones de temperatura", ha señalado.

Durante la demostración en Fitur, los visitantes han podido observar el funcionamiento de las máquinas de hilado, inspiradas en las antiguas ruecas tradicionales. Aunque reproducen fielmente su apariencia y mecánica, se trata de maquinaria construida recientemente por el propio colectivo, dentro de un proceso de recuperación integral del oficio. "Nuestro objetivo es completar toda la cadena, desde la recolección del esparto hasta la elaboración final de las cuerdas", ha indicado San Vicente.

El proceso parte del esparto rastrillado, previamente peinado hasta adquirir una textura similar a un cabello fibroso, que se va torsionando mediante garruchas para transformarse en hilo. A partir de ahí, se elaboran distintos tipos de cuerdas, sogas y filásticas, combinando varios hilos según el uso final. Pero las posibilidades de este material van mucho más allá de la cordelería tradicional.

El colectivo integra también a artesanos de la espartería que trabajan con trenzas de distintas anchuras para confeccionar cestos, alfombras, piezas decorativas o figuras, además de objetos de uso cotidiano como estropajos, elaborados a partir de los restos del proceso de hilado. "Prácticamente todo se aprovecha", ha destacado la responsable del proyecto.

Más allá del aspecto material, Habitar el Esparto centra su labor en la recuperación de la memoria asociada a este oficio, recopilando testimonios orales, fotografías, canciones y saberes transmitidos de generación en generación. Una tarea especialmente relevante para poder llegar a las nuevas generaciones. "Muchos no saben siquiera que la planta del esparto se llama atocha, o que lugares tan emblemáticos como la plaza de Atocha deben su nombre a los antiguos atochales", ha recordado San Vicente.

El proyecto, impulsado desde una residencia artística, no tiene como objetivo principal la comercialización, sino la enseñanza y la transmisión del conocimiento. Aunque algunas piezas se distribuyen en circuitos concretos, como grupos de consumo o espacios cooperativos, la iniciativa apuesta por entender la artesanía como patrimonio cultural y social. "Son oficios que generan bienestar y comunidad, pero que difícilmente pueden sostenerse solo desde la venta; por eso es fundamental protegerlos como patrimonio", ha concluido.

UN RECORRIDO POR LA MEMORIA DEL ESPARTO EN LA REGIÓN

Las primeras huellas documentadas de esta actividad se remontan al siglo XVIII, cuando las 'Respuestas Generales del Catastro del Marqués de la Ensenada' ya hablaban de sogueros de esparto en localidades como Colmenar de Oreja, Estremera, Valdaracete o Villarejo de Salvanés.

A finales de ese siglo, Eugenio Larruga daba cuenta de un gremio consolidado de esparteros en Madrid, dedicados a fabricar sogas, maromas y cuerdas de uso agrícola y doméstico.

El proceso tradicional de hilado, descrito en la 'Encyclopedia Metódica' de 1770, apenas ha cambiado con el tiempo: mazos de madera golpeando el esparto sobre piedras lisas para obtener hebras bastas. El gremio contaba entonces con decenas de maestros, oficiales y aprendices, y tenía su sede en la iglesia de Nuestra Señora de Atocha.

Durante el siglo XIX, se documenta la aparición de fábricas esparteras en varias localidades madrileñas, y en 1907 el Ministerio de Fomento reconocía 31 esparterías en la región. El punto álgido llegó con la creación del Servicio del Esparto (1948-1959), que impulsó su producción y controló su comercialización, recopilando datos técnicos y fomentando mejoras en el sector. En ese periodo, solo en Madrid, se procesaban más de 95 toneladas anuales de esparto.

Sin embargo, a finales de los años 50, la llegada de las fibras sintéticas, la mecanización y los cambios sociales provocaron el declive de esta industria.

En 2025, la Comunidad de Madrid decidió rescatar la memoria de esta artesanía tradicional incluyéndola oficialmente en el catálogo de Patrimonio Cultural Inmaterial como Bien de Interés Cultural (BIC).

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