ETA.- Un etarra admite el secuestro de un industrial en 1986 aunque niega haber matado a un ertzaina

El fiscal pide casi 79 años de cárcel para Gárate Galarza, que asegura ante el tribunal que no disparó "bajo ningún motivo"

Europa Press Nacional
Actualizado: miércoles, 13 abril 2011 16:07

MADRID, 13 Abr. (EUROPA PRESS) -

El etarra Luis Enrique Gárate Galarza ha admitido en la Audiencia Nacional que participó en 1986 en el secuestro del industrial Lucio Aguinagalde, que permaneció retenido durante 18 días en una cueva de la localidad de Ceánruri (Vizcaya), aunque ha negado haber provocado los disparos que acabaron con la vida del ertzaina Genaro García Andoain cuando una patrulla de este cuerpo inspeccionaba el lugar.

Durante el juicio, que ha quedado visto para sentencia, el fiscal Daniel Campos ha elevado a definitiva su petición para que el acusado sea condenado a 78 años y nueve meses de cárcel por los delitos de integración en organización terrorista, detención ilegal, depósito de armas, tenencia de explosivos, asesinato terrorista, utilización ilegítima de vehículo a motor y falsificación.

Gárate Galarza ha admitido ante el tribunal su pertenencia a ETA y su participación en el secuestro aunque ha asegurado que, a pesar de que llevaba una metralleta cuando salió de la cueva en compañía del también etarra Juan María Gabilondo, no disparó "bajo ningún motivo". "No disparé ningún tiro, salí corriendo y me tiré al monte", ha señalado antes de indicar que el tiroteo que acabó la vida con el agente fue "espontáneo y muy rápido".

Gabilondo, ya condenado por estos hechos, que se produjeron el 2 de noviembre de 1986, también ha reconocido su participación en el secuestro aunque, al igual que su compañero, no ha sabido decir quién realizó los disparos. "Fue todo muy rápido, apenas unos segundos. Yo estaba durmiendo y me dijo Gárate que estaba la policía. Me puse las botas y me acerqué al agujero de salida, cogí el arma, una pistola Browning, y no recuerdo más pero salí corriendo", ha relatado.

DISPAROS A LA SALIDA DE LA CUEVA

Dos de los agentes de la Policía Autónoma Vasca que participaron en la detención de los etarras y la liberación del empresario han reconocido que primero oyeron los disparos de la pistola, que portaba Gabilondo, y después los de la metralleta, que llevaba Gárate Galarza. Su defensa ha alegado que en la zona se encontraron cuatro casquillos de bala correspondientes a la pistola de Gabilondo.

Han explicado que acudieron a la cueva, denominada 'zubizabal' y situada en el monte Eguski-Ola, después de que el día anterior un agente se diera cuenta de que ésta había sido manipulada artificialmente. Tras retirar una piedra que tapaba un pequeño orificio de entrada, un agente introdujo medio cuerpo reptando y, tras observar a un individuo que portaba una pistola, retrocedió y alertó a sus compañeros.

"Se oyeron tres disparos desde el interior y luego una ráfaga de metralleta --ha contado un agente--.Todos nos echamos al suelo, a los lados, adonde pudimos y Genaro quedó en el medio y cayó". Tras detener a los dos etarras y liberar al industrial, que se identificó con un "estoy" con una "voz muy baja", los ertzainas evacuaron a su compañero en camilla aunque "ya estaba muerto", según ha indicado uno de ellos.

También han comparecido ante el tribunal de la Sección Segunda de la Sala de lo Penal que juzga estos hechos el tercer miembro del 'comando' que realizó el secuestro, Patxi Cabello, y otras cuatro personas que prestaron apoyo a los etarras aunque han asegurado que no sabían a qué se dedicaban.

FRASES EN CLAVE

En la vista los etarras han asegurado no recordar la forma que utilizaba el 'comando' para comunicarse con la dirección de la banda, aunque el fiscal ha mantenido que los etarras manejaban dos frases en clave para poner fin al secuestro, que tenía el objetivo de cobrar un rescate: "El domingo vamos al campo y traigo yo la comida" para liberar al secuestrado y "No puedo ir al campo el domingo porque se ha muerto la abuela" para asesinarlo.

En la cueva se encontraron dos subfusiles, seis granadas de mano, dos pistolas, la mitad de una carta que utilizaban para identificarse en un caserío cercano en el que comían y se duchaban, 64.000 pesetas y numerosa información sobre posibles objetivos de otras acciones terroristas.

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