Actualizado 16/05/2006 18:27

El marido de Anna Permanyer afirma que le extorsionaron dos personas y que le amenazaron con descuartizarla

BARCELONA, 16 May. (EUROPA PRESS) -

José Manuel García Canta, marido de la psicóloga barcelonesa Anna Permanyer, afirmó hoy que las tres llamadas que recibió mientras ésta permaneció desaparecida, en las que se le llegó a exigir un rescate de 100.000 euros y se le amenazó con matar y descuartizar a su esposa si no entregaba el dinero, las realizaron dos personas diferentes. A pesar de que uno de los acusados aseguró ayer que no tiene "nada que ver" con la extorsión, la versión del esposo de Permanyer ofrece la posibilidad de que los dos procesados estén implicados en los hechos.

Un tribunal popular juzga desde ayer en la Audiencia de Barcelona a Enri Wilson W.B., de 25 años, y a Gabriel A.J., de 24, ambos de origen paraguayo, por extorsionar a los familiares de Anna Permanyer mientras la psicóloga permaneció desaparecida.

Los procesados presuntamente contactaron con ellos por teléfono en tres ocasiones y les amenazaron con hacerle daño si no les entregaban el dinero, aunque no consta que participasen en el asesinato de la mujer, por el que otras tres personas permanecen en prisión provisional.

Los hechos se remontan al 27 de septiembre de 2004, cuando Anna Permanyer fue vista por última vez en el edificio Atalaya de la avenida Diagonal de Barcelona, donde había quedado con Carmen B.L., principal acusada del crimen e inquilina suya de un piso de la planta 18 para hablar sobre el alquiler de una plaza de aparcamiento.

La pista de Anna Permanyer se perdió allí y, a partir de ese momento, la familia de la psicóloga denunció su desaparición ante la Policía e inició una búsqueda desesperada para encontrarla. "El comedor de casa era un cuartel general, todo estaba lleno de consignas", explicó hoy el esposo de Anna Permanyer.

José Manuel García Canta señaló durante su declaración como testigo que "estaba prohibido utilizar la línea de casa". "Teníamos seis o siete teléfonos en el comedor, de ayuda ciudadana, y también nos llamaban videntes que nos ayudaban con toda su buena voluntad. Yo debía coger siempre el teléfono central y, si no estaba, todos sabían qué podían preguntar y qué no podían decir", relató.

LLAMADAS DE UNA CRUELDAD "TREMENDA".

Fue durante aquellos días cuando la familia recibió las tres llamadas objeto de juicio. "Me da la impresión de que la primera y la segunda llamada las realizó una misma persona y que la tercera la efectuó otra", afirmó el esposo de Permanyer.

Según García Canta, que también ejerce como psicólogo, las dos primeras llamadas eran "muy amenazantes, haciendo hincapié en matarla y en descuartizarla". "Llegué a pensar que se trataba de un paciente esquizofrénico", apuntó. "Su voz era mucho más ruda y áspera y no vocalizaba bien", añadió.

El marido de la psicóloga detalló un poco más la segunda llamada. "Me dijeron 'la vamos a descuartizar', hablaba con una crueldad tremenda, era una amenaza extrema y esto nos infundió a todos un temor tremendo porque no sabíamos qué otra cosa podía pasar". "Anna no tenía enemigos y nos asustamos mucho", relató.

García Canta apartó entonces a sus hijos más mayores y les explicó lo que acababa de escuchar. "Mi hijo pequeño --de 14 años-- también se enteró y vi que estaba muy asustado. Me decía 'no le pasará nada, ¿verdad?'. Yo trababa de quitarle importancia para tranquilizarle", recordó.

La tercera y última llamada se realizó el 6 de octubre de 2004 --nueve días después de la desaparición de la psicóloga-- desde un teléfono público de Corbera de Llobregat (Barcelona).

Aquel día, tal y como admitió él mismo, Enri Wilson W.B. habló con García Canta y, creyendo que se trataba del hijo de la psicóloga, le exigió el pago de 100.000 euros para liberarla, dándole datos del estado en que ésta se encontraba y haciendo referencias a lo que podía ocurrir si no entregaban el dinero.

Siguiendo el plan de los acusados, la familia debía introducir el rescate en una bolsa de plástico de color amarillo y depositarla en la puerta de la discoteca 'Ei two', situada en un polígono industrial de Molins de Rei (Barcelona).

"Recibí una llamada a mi casa exigiendo el pago de 100.000 euros e intenté alargar la conversación", recordó el marido de la psicóloga, que mantuvo la calma en todo momento. "Parecía alguien extranjero, sudamericano", apuntó. "Esta persona --a diferencia de la otra-- se había estudiado más las frases, tenía un talante más educado y daba detalles sobre la situación de Anna", añadió.

"ESTÁBAMOS DESTROZADOS".

García Canta explicó que desde el primer momento dieron credibilidad a las llamadas. "Llevábamos muchos días buscándola y teníamos mucho miedo". La familia, no obstante, también tenía "una gran esperanza", ya que, si la solución era el dinero, "seguro que se conseguiría".

De hecho, durante aquellos días, los hijos mayores de Anna Permanyer decidieron entregar a su padre todo el dinero de que disponían. "Por si es un secuestro 'exprés' y tienes que salir corriendo", le dijeron. "En casa había un ambiente de cariño y de unión entre todos", recordó el marido de la psicóloga.

"Tras la desaparición de Anna, la familia estaba descompuesta". "Estábamos destrozados y apenas dormíamos", señaló García Canta. La esperanza de la familia aumentó el mismo día en que debía entregarse el rescate, cuando la Policía les comunicó que habían detenido a una persona, Enri Wilson W.B., gracias al dispositivo policial montado en Molins de Rei.

"Pensamos que esa noche la íbamos a tener en casa y todos estábamos allí esperando el éxito de la operación", recordó. Pero lo cierto es que el cuerpo sin vida de Anna Permanyer se había hallado tan sólo unas horas antes en las costas del Garraf y que la familia vería truncadas sus esperanzas esa misma noche.

UNA TESTIGO INCRIMINA A LOS DOS ACUSADOS.

Durante la sesión de hoy también declaró una compañera de piso de los acusados, en concreto, la joven que les acompañó a recoger el rescate frente a la discoteca 'Ei two'. La testigo, que ignoraba la cita, aseguró que tanto Enri Wilson W.B. como Gabriel A.J., para los que las acusaciones solicitan tres años de prisión, conocían el plan. De esta manera, contradijo la versión de Gabriel, que aseguró que no tiene "nada que ver" con los hechos.

Según la joven, fue Enri Wilson quien fue finalmente a recoger el dinero, mientras ella y Gabriel le esperaban en el coche. El acusado, no obstante, nunca regresó. "Gabriel me dijo que había ido a recoger el dinero de un rescate y que seguramente le había cogido la Policía", explicó la testigo.

Los dos regresaron a su domicilio, en Corbera de Llobregat, donde, según la joven, Gabriel le confesó que él y Enri habían visto por televisión que una señora había desaparecido y que habían decidido llamar para pedir un rescate. La joven le aseguró que explicaría toda la verdad a la Policía. "A mí no me compliques", le replicó Gabriel.

Por otra parte, los psiquiatras que examinaron a los acusados aseguraron hoy que ambos tienen una inteligencia normal y que comprenden las consecuencias y el alcance de sus actos.

No obstante, señalaron que la inteligencia de Gabriel A.J. está en el límite bajo de la normalidad y que, por tanto, es fácilmente "sugestionable" e "influenciable" por otras personas, aunque distingue "perfectamente" entre el bien y el mal. La importancia de dicho apunte radica en que el letrado de Enri Wilson W.B. defiende que su cliente actuó "coaccionado psicológicamente" por Gabriel.