MADRID 15 Abr. (OTR/PRESS) -
Me temo que esta columna no va a ser políticamente correcta, pero a estas alturas de la vida, ese es uno de los pocos lujos que me puedo permitir. No entiendo el nuevo Gobierno de Zapatero porque dudo muy seriamente si ha tratado de fichar a las mentes mas preparadas o, más bien, inspirado otra vez por ese hálito que le hace levitar dos palmos por encima del resto, ha vuelto a sentir la necesidad casi compulsiva de hacer cosas "por primera vez", de romper moldes, de hacer historia que no es exactamente lo mismo que hacer Historia. Hay feministas que ven en esta última decisión de ZP -la formación del nuevo Gobierno- lo que ellas califican de "machismo sutil". Y seguramente no tienen razón pero el presidente ha "vendido" tanto su colección de "por primera vez" que eso es que lo que le convierte en sospechoso. Parecía más preocupado por hacer cosas "por primera vez" que las cosas mismas que hacía.
Recalcó hasta la saciedad que "por primera vez" hay más ministras que ministros. ¿Y qué? Lo que uno desea es que, ministras o ministros, en el Gobierno estén las personas más capaces, honestas, trabajadoras y profesionales. "Por primera vez" al frente del ministerio de Defensa hay una mujer. ¿Y qué? Lo que nos preocupa en realidad no es que el ministro sea ministra sino que sirve para esa cartera. ¿Sabe algo Carma Chacón de Defensa? ¿Le interesa el tema? ¿Está al tanto de los problemas no sólo militares españoles y europeos sino del colectivo que lo compone? Si lo está y le interesa, vale; si no, sea la primera o la última vez, sea señor o señora, no me sirve. Y también "por primera vez" hay un Ministerio de Igualdad. ¿Para qué? Porque el enunciado puede quedar políticamente perfecto, pero que me explique ZP como desde un ministerio se puede luchar por algo que, en primer lugar, afecta a ámbitos personales y, en segundo lugar, depende de Interior (la protección y prevención de la violencia de género), de Justicia, un ministerio que da bochorno ajeno, de Trabajo y sus inspecciones para hacer cumplir algo tan obvio como que a igual trabajo igual salario y de posibles pactos sociales con Hacienda al fondo para incentivar la contratación de mujeres. ¿Qué demonios va a hacer ese ministerio de Igualdad? ¿Va a disponer de policía, juzgados e inspectores? Y si no es así, ¿en qué queda el invento? ¿En dar ánimos a quienes tienen la obligación de hacer cumplir la leyes que ya existen? No lo entiendo.
Y luego están las dos continuidades: Bermejo es un ministro que ha logrado cabrear a todos, incluso a los suyos, ya sean compañeros, ya funcionarios, a la oposición y al respetable publico que le ve como un señor antipático y chuleta. No digo que lo sea, no le conozco; pero la imagen que transmite -arreglos de pisitos aparte- no es precisamente la más cercana al pueblo. La otra que continúa, es la inefable Magdalena Alvarez que tampoco parece que fuera la mejor valorada ni por sus hechos ni por sus dichos.
A mí cien días me parecen pocos y ojalá dentro de seis meses estos nombres y el resto que componen el gabinete, nos den a todos la sorpresa y las cosas empiecen a funcionar mejor. Pero mosquea que se quiera "predicar con el ejemplo" a la hora, nada menos, que de formar un Gobierno y en un tiempo de crisis. Ni quiero que nadie me predique y menos que nadie me de ejemplo de nada. Quiero que me gobiernen bien, lo mejor posible, hombres o mujeres, por primera o por última vez. Si como aconsejaba sabiamente don Eugenio d'Ors, los experimentos mejor con gaseosa, las "pedagogías políticas" mejor en esa megafundación futura de Caldera, no formando gobiernos. Y encima nos va a salir por un pico, que esa es otra.
Andrés Aberasturi.