MADRID 31 Oct. (OTR/PRESS) -
Del sucesor de Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, se pueden decir muchas cosas. Pero no se le puede negar un discurso político potente. Sabe utilizar los atajos para llegar al votante propio con argumentos convincentes y, como su antecesora, no se preocupa demasiado en edulcorar sus pedradas verbales. Se le entiende todo.
Para hacerse entender, ahora deja muy clara su escasa intención de seguir la hoja de ruta marcada por Moncloa de camino a las próximas elecciones territoriales (municipales y autonómicas), en la primavera de 2015. Todavía falta más de un año pero, a la vista de los desperfectos en la imagen del presidente del Gobierno y la propia marca nacional del PP, la sucursal madrileña del partido han decidido empezar a buscarse la vida lo antes posible.
Lo viene haciendo ya de un tiempo a esta parte. Por cuenta de la financiación autonómica, donde la voz de González ha sonado a modo de advertencia frente a las tentaciones que Moncloa podría tener de ofrecer a Cataluña una financiación singular como suavizante del desafío segregacionista. Pero también por cuenta de la sentencia de Estrasburgo sobre la llamada doctrina Parot. Todavía está muy reciente la diferente actitud de los dirigentes madrileños respecto a la de los nacionales durante la manifestación convocada por las victimas del terrorismo. Como diferente fue la acogida de unos y otros.
El último campo de batalla elegido por Madrid para diferenciarse de Moncloa es la presión fiscal a los ciudadanos. Hace unos días su presidente anunció una rebaja de impuestos a escala regional a partir de 2014, justo en vísperas de la reforma fiscal que prepara el ministro Montoro y cuyo mayor acierto "no debe medirse sólo en decretar rebajas fiscales". El entrecomillado es de Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno central, que ha recurrido a las generales de la ley: "Si queremos tener servicios públicos, necesitamos ingresos públicos.
Con ese mismo argumento también le han respondido otros presidentes autonómicos, pero la contrarréplica de González no ha podido ser más contundente ni más eficaz, en función de sus intereses. A saber: "Nos tienen envidia". Este miércoles aclaró que si Madrid baja impuestos es porque ha hecho los deberes (lucha contra el déficit público) y, por lo tanto, se lo puede permitir. Aunque fue dicho mirando a Cataluña, el discurso forma parte de su estrategia distinta y distante de Moncloa.
Un nuevo quebradero de cabeza para Rajoy. Y no tanto por el supuesto alcance de la rebaja, que afecta a cuatro impuestos y carece de una declaración seria de impacto económico, sino justamente por el alcance político del desmarque. El mantra de que el PP decía las mismas cosas en Madrid que en Barcelona, en Dos Hermanas y en Sigüenza, ha saltado por los aires.