Publicado 26/12/2013 12:00

Antonio Casado.- El mensaje: parole, parole

MADRID 26 Dic. (OTR/PRESS) -

En estas fechas se desborda el voluntarismo, todo el mundo es bueno, el año próximo será mucho mejor y no hay problema que no pueda arreglarse cuando el diálogo se impone a la confrontación y la remada conjunta a la tendencia disgregadora. Si el portador de este espíritu navideño, rebotado en esas felicitaciones cruzadas de la mensajería instantánea que han acabado con los tradicionales chritsmas, es el rey de España, debidamente televisado, estamos ante una forma de voluntarismo cuya solemnidad no añade gran cosa al contenido de esas felicitaciones navideñas que se despachan en régimen de barra libre.

Por tanto, si les dijera que en los momentos previos a la cena de Nochebuena tuvimos ocasión de escuchar por boca de don Juan Carlos un mensaje vibrante, motivador y cargado de novedades, les estaría vendiendo una mercancía averiada. Lo único que podría entenderse como novedad, que en realidad no lo es, nos remite a la voluntad de don Juan Carlos de no tirar la toalla y seguir ejerciendo sus funciones de jefe de Estado. Y respecto a su propósito de la enmienda para que la "transparencia" y la "ejemplaridad" informen el funcionamiento de la Casa Real y las conductas del Rey y su familia, pues vamos a esperar que se demuestre con hechos y no con palabras.

No es nada nueva la constatación de que reina el desaliento como consecuencia de una crisis económica con daños colaterales en el prestigio de la clase política y las instituciones. Decir a estas alturas que "España es una gran nación por la que vale la pena luchar" no hace vibrar a una sociedad agobiada por el paro, la pobreza, la desigualdad, la corrupción en la vida pública y el deterioro creciente de servicios tan vertebradores como la Educación y la Sanidad. En esas circunstancias nadie se motiva ya ante una llamada del Rey a "recuperar la confianza en nosotros mismos".

El mensaje navideño del Rey fue, una vez más, una sarta de lugares comunes previamente sancionados por el Gobierno de la Nación. Así lo dispone nuestra Carta Magna en su artículo 64: "Los actos del Rey serán refrendados por el presidente del Gobierno y, en su caso, por los ministros competentes". En este tipo de comunicaciones, no hasta el punto de que el Gobierno de turno le haga decir cosas abiertamente enfrentadas al discurso del principal partido de la oposición y alternativa de poder.

Es verdad que don Juan Carlos claveteó el discurso de Moncloa respecto a los "indicios de recuperación", pero también es verdad que a renglón seguido incorporaba la posición del PSOE en el sentido de que en realidad "la crisis económica solo empezará a resolverse cuando los parados vuelvan a tener oportunidad de trabajar". Así que el mensaje siempre acaba reflejando una síntesis de posiciones inscritas en la centralidad política del sistema, las del partido que ocupa el poder y las del partido que aspira a ocuparlo.

Ahí encaja el elogio de la sociedad civil y su espíritu solidario con quienes más sufren las consecuencias de la crisis, el recuerdo navideño de las víctimas del terrorismo o las apelaciones al consenso ahora que algunas fuerzas políticas "quieren renovar nuestros acuerdos de convivencia" (léase posible reforma de la Constitución). O los pasajes del mensaje que han sido relacionados con el órdago separatista del nacionalismo catalán, aunque no dejan de ser obviedades de general aplicación, como que "el respeto a la ley es la garantía de la democracia", que debe practicarse la generosidad "para saber ceder y para comprender las razones del otro" y que "juntos debemos seguir construyendo nuestro futuro" por las "muchas cosas que nos unen" en la diversidad.

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