MADRID, 20 Dic. (OTR/PRESS) -
Más de un mes desde que el PP arrasara en las urnas y Rajoy anda todavía invistiéndose y el país sin saber cuál será su gobierno. A ver si ya este martes hay suerte y se echa a andar que falta nos hace. Estas leyes nuestras de tanto cogérselas con papel de fumar acaban siendo infumables y nocivas para la propia salud de la nación.
Pero bueno he de reconocer que una vez y eso sí, por la voluntad política del PP se ha decidido aplicar una, en este caso un reglamento del Congreso, de manera estricta y no mirando cuál era la forma más jabonera para quienes más las conculcan. Los voceros de ETA en el Congreso, ahora bajo el nombre de Amaiur, se han quedado sin grupo parlamentario. Por el momento. Que aún les queda el Constitucional, siempre tan amigo y receptivo con lo "suyo".
Por una vez la decisión política tomada no ha sido la de buscar la interpretación más favorable para ellos ni forzar la ley o las reglas para darles satisfacción y hacerles una nueva ofrenda apaciguadora. Se ha optado, aunque con la abstención vergonzante y torticera de PSOE y CiU, por aplicar el criterio legal más literal y exigente. Se necesitan un mínimo de 5 diputados y un 5% de los votos a nivel nacional o de un 15% en las circunscripciones en la que se presente. Y en Navarra, por poco, por décimas, pero no lo cumple. La burda trampa de que el diputado allí electo se hiciera el muerto político para resucitar en cuanto se pudiera celebrar el bautizo del grupo ha sido desarticulada con presteza por los servicios jurídicos de la Cámara.
Pero sin duda les queda el Constitucional. Y ahí cuentan con los "Seis de la Infamia", con sus legalizadores, contra el Supremo y la evidencia, con esos seis magistrados, casi ninguno juez por cierto, coptados por el zapaterismo para resolver judicialmente a conveniencia política sus compadreos con ETA. Aquella felonía está en el origen de toda esta amargura al resucitar políticamente a ETA cuando esta se encontraba policialmente derrotada. Cuando se le otorgó la papeleta sin que ellos hubieran entregado la pistola, que a buen recaudo mantienen por si fuera necesario volver a utilizarla. Ahora los que tienen tanto el escaño como la nada sutil amenaza del arma (su próximo chantaje ya anunciado es que o soltamos a los asesinos encarcelados o la desenfundan y nos echan la culpa de que lo hagan, por supuesto, algo en lo que habrá infames y estúpidos al 50% que lo suscriban con Eguiguren al frente) acudirán al amparo de ese Constitucional amigo. Esa es la baza esencial que a Amaiur le queda y en la que confía. Y la que vistos los precedentes, la sociedad española más teme. Porque a eso hemos llegado. A que una ciudadanía tema en su mayoría como ese Sanedrín Constitucional disloca su convivencia, protege a sus peores enemigos y condiciona su vida y su futuro por prescripción ideológica.
El Constitucional, teledirigido por Zapatero- claro quedó en aquellos nefastos días cuando este tranquilizo a Urkullu tras la sentencia del Supremo- está en el origen de que ETA haya regresado a las instituciones sin siquiera pasar por el paso previo de disolverse, entregar sus armas amen de pedir perdón y pagar por sus crímenes. Esa sentencia es la que ahora les abre toda las puertas. También pudiera abrirles a no tardar las de la prebenda del Grupo Parlamentario. Y cierra otras o al menos las dificulta mucho. Para lograr hacerla revisar ha de recargarse toda la prueba, recopilar hechos y flagrantes violaciones de la legalidad. A ello se refería Rajoy al afirmar que más allá del voluntarismo ahora es necesario, antes de embarcarse en una causa de ilegalización, el disponer de todos los instrumentos jurídicos necesarios y todas las pruebas pertinentes. Pero lo que ya sabe todo el entramado etarra es que hay voluntad de hacerlo. Eso es quizás el hecho relevante. Y ETA y todos sus diferentes tentáculos ya lo saben. Jugaran sus bazas. Pero el Gobierno y el Estado también tiene las suyas. La nueva partida, aunque viciada por el TC al darles cartas, solo ha comenzado.
Para entenderlo todo de manera muy sencilla nada mejor, tal vez, que las claras palabras de un socialista, que lo es por muy apartado que lo tengan. De Joaquín Leguina. "Eta, Amaiur no es un adversario, es un enemigo. Y al enemigo, ni agua".