Actualizado 18/06/2013 14:00

Antonio Pérez Henares.- El regreso del zapaterismo

MADRID 18 Jun. (OTR/PRESS) -

El zapaterismo prepara su vuelta al poder en el PSOE. Madina es el elegido. El mismo equipo que en su día convirtió al silente diputado leonés en el secretario general de los socialistas trabaja desde hace muchos meses en desembarco del joven vasco en Ferraz. Creen tener, no sin razón, casi todos los triunfos en la mano y tan solo queda el trámite de desprenderse de Rubalcaba cuando su situación, cada día más precaria, se haga ya tan imposible que no le quede otro remedio que apartarse y convocar primarias y Congreso. Suponen tenerlo todo ganado, tanto por apoyos orgánicos como por potencia mediática y clima interno.

Eduardo Madina es a estas alturas de desguace el menos quemado de todos los posibles aspirantes. El que menos ha perdido porque al fin y a la postre tampoco ha estado ni se ha significado demasiado en nada. Criatura de partido, donde ha ido ascendiendo desde las juventudes, fue marcado por un atentado de ETA que estuvo a punto de acabar con su vida y que le dejó secuelas física de por vida con la amputación de una pierna. Su posición, ante la organización terrorista, no se mueve sin embargo por ello un ápice de los principios que inspiraron a ZP en su Proceso de Paz, su apuesta por la legalización de Bildu a través del brazo político del Tribunal Constitucional y la inanición actual ante los avances, provocaciones de la organización y sus brazos políticos. El último en Biarritz con la obscena escenificación de la conversión de los verdugos en victimas.

Es muy probable que en la actual situación por la que atraviesa el PSOE el zapaterismo consiga su objetivo y Madina alcance el poder en Ferraz. Para ello, y tras permanecer en periodo de crisálida durante estos pasados tiempos donde ocupa cargos en el grupo Parlamentario, se comenzará a deslindar cada vez de manera más nítida del actual secretario general. Y lo está empezando a hacer como cabeza, que será cada vez más visible, de oposición a los pactos con el PP que Rubalcaba ha emprendido y donde no van a permitir que se llegue a nada más e incluso se vuelva al menos. En realidad esa presión interna es la que dio lugar a los frenazos y marchas atrás cuando en el algunos casos, como la ley anti-desahucios, donde se estuvo a milímetros de alcanzar el acuerdo. Ahora la piedra de toque van a ser las pensiones. La oposición a cualquier posible entendimiento va a ser absoluta por más que el sentido común indique lo contrario. El instinto electoral indica que la dirección es la contraria. Y a ello se remiten.

Enfrente, lo cierto es que solo pudieran oponerse quienes ya fueron desparramados por Zapatero y su equipo. Del viejo PSOE felipista no queda ni las raspas, amen de lo notable de algunos nombres y su influjo. Potente en foros externos, nacionales e internancionales, pero carentes de hilos precisos con la militancia.

Esa es la jugada y en ella están todos. Por supuesto Chacón y por supuesto el zapaterismo en pleno, con la excepción de los socarrados en procesos, resguardado y a cubierto desde el desplome de su icono, al que ahora, indefendible en gestión quieren enaltecer como el "mejor ex presidente", pero que ven llegado el momento de su resurrección. Está al caer. Lo tienen en la mano. Otra cosa es que es lo que tendrán, porque si ZP fue mortífero para España para el PSOE fue letal. Rubalcaba, que empezó enfrente y acabo de vicepresidente, es ahora el depositario de todas las bofetadas, dentro y fuera, y en quien se visualizan todos los desastres. Madina, aparecería, limpio de polvo y paja, como redentor y esperanza blanca. Como ZP. Para rematar faena.

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