MADRID 23 Oct. (OTR/PRESS) -
La iniciativa de Artur Mas de repartir carnets a los inmigrantes para que estos vayan sumándole puntos "por su catalanidad" (sic) es una de las medidas más racistas que nadie ha pretendido implantar en España hace mucho tiempo. Se supone que CiU irá comprobando si cada inmigrante aprende a hablar catalán, se integra en asociaciones catalanas, muestra aprecio a la cultura catalana e incluso se declara devoto de la Virgen de Monserrat, lo cual sumará puntos que podrán canjearse por servicios sociales; a más catalanidad, más posibilidades de conseguir una vivienda de protección oficial, becas para estudiantes o viajes pagados por organismos oficiales. Ni Xavier Arzalluz, felizmente para todos desaparecido ya de la vida política vasca, llegó a tanto. Es verdad que hace unos años dijo aquello de "prefiero un negro, negro que hable euskera a cien blancos que no lo hablen", pero también es cierto que lo suyo se quedó en una muestra de agrado, nunca traducida a medidas que habría podido adoptar el PNV en sus muchos años de gobierno del País Vasco.
Es tal la barbaridad propuesta por CiU que incluso ha recibido críticas de todos los partidos políticos de Cataluña, una comunidad en la que se aceptan cosas que en otros lugares de España chirrían como poco democráticas o cargadas de fascismo; es el precio de un nacionalismo que lo tinta todo, hasta el extremo de que mentes de personas aparentemente normales son capaces de realizar una propuesta electoral que tiene una carga tan racista como la de suponer que para ser ciudadano de un país (muchos catalanes dirían una nación) es preciso adoptar las creencias y los símbolos de la mayoría y que, por el contrario, quienes se opongan a integrarse de manera total en el lugar al que acaban de llegar a vivir merecen ser castigados. En el caso de CiU serán castigados, sí, a quedarse sin puntos, y sin becas, y sin viviendas, y sin muchos servicios sociales. Cuando esa práctica de discriminación racista se ha llevado a cabo en la historia de forma límite se ha terminado gaseando a quienes no aceptaron las costumbres impuestas por una raza que practicaba el pensamiento único.
Curri Valenzuela.