MADRID 12 Nov. (OTR/PRESS) -
Lleva razón la vicepresidenta primera del Gobierno cuando dice que las reformas de los estatutos de Autonomía pendientes de tramitación deben ser abordadas con "perspectiva de Estado" para hallar una solución "que dé satisfacción de manera equilibrada a los intereses de todos los ciudadanos y todos los territorios". Tanta razón tiene María Teresa Fernández de la Vega, que debería salir corriendo de su despacho hacia la otra punta del recinto de La Moncloa y repetir tan sensatas palabras a la cara del presidente del Gobierno; a lo mejor conseguía así que Zapatero presente recurso de inconstitucionalidad al Estatuto de Cataluña que él apadrinó e impulsó y de esa forma se pudiera poner fin, efectivamente, al desmán de reformas estatutarias que tenemos ante nosotros, como una carrera para ver quién se apropia de unas competencias que pertenecen a otras comunidades vecinas. Un problema que no existía hasta que este Gobierno se constituyó hace dos años y medio.
Como en tantos otros problemas, este del modelo de Estado sigue la pauta que estamos viviendo en la era Zapatero: el presidente crea el conflicto pensando que lo hace bajo control y cuando se le desmadra le echa la culpa a otros a la vez que tiende la mano a la oposición. ¿A que en los próximos días ofrece un pacto de estado al PP para frenar el afán desatado en muchas comunidades autónomas para emular al Estatuto catalán?.
Resulta obvio que España no se puede permitir un sistema de financiación calculado con criterios diferentes para cada comunidad ni una política hidrográfica que prohiba los trasvases de por vida. Pero como esa función, la de un sistema de financiación pactado por todas las comunidades y un Plan Hidrológico Nacional aprobado por las Cortes ya estaba vigente cuando Zapatero tomó posesión, le toca al presidente entonar el 'mea culpa' y luego dar marcha atrás hasta que consiga solucionar una serie de problemas que afectan a la estructura del Estado y a la vida cotidiana de muchos de sus ciudadanos y que sólo tiene un culpable: él mismo.
Curri Valenzuela