MADRID 17 Feb. (OTR/PRESS) -
Junto con las encuestas, que florecen como las margaritas antes de primavera, llegan las especulaciones. Que si las elecciones generales quedarían para el mes de julio de 2027 -de nuevo julio, mes prevacacional--. Que si se adelantan para tratar de hacerlas coincidir con las andaluzas, en el próximo junio (habría que convocarlas prácticamente ya). Que si se retrasan hasta septiembre de 2027 (es legalmente posible). Que si...
Lo único claro es que nadie sabe cuándo y bajo qué razones y pretextos se convocarán los próximos comicios generales, y esta incertidumbre se produce en un marco de creciente inestabilidad para el Gobierno, digan lo que digan, y de progresivo desgaste de la situación política en general. Aunque, faltaría más, no todos coinciden: hay voces muy sonoras que dicen que Sánchez incluso puede ganar en 2027.
La voz más elevada de todas ellas es la de Iván Redondo, el ex (¿ex?) 'super-asesor presidencial' de Sánchez en La Moncloa, que nos muestra, por aquello de las barbas del vecino, el viraje que se ha producido recientemente en las elecciones presidenciales portuguesas, en las que el candidato socialista ha vencido al conservador y al ultra conservador. A Redondo, que cimenta parte de su prestigio porque escribe en La Vanguardia, creo que le vencen las ganas de una perpetuación de Pedro Sánchez en el poder, porque, a mi entender -y algo del país vecino entiendo--, Portugal y España tienen políticamente muy poco que ver, siempre con ventaja ética y estética para los lusos, por cierto.
Y más: tratar, como Redondo trata, de hacer de Teruel un contraejemplo que nos indique por qué puede ganar el PSOE en unos comicios generales, mientras va perdiendo en todos los autonómicos, tampoco resulta muy convincente, la verdad; lo de Vox en Teruel no es extrapolable a nivel nacional, y de Teruel resulta que también sé un poco, qué casualidad. Insistir, como otro argumento del posible triunfo de Sánchez, en la endeblez del liderazgo de Feijoo y en sus dificultades para llegar a una alianza de gobierno con un Vox a veces intratable me parece, igualmente, un argumento de escaso peso para justificar un futuro predominio electoral del PSOE, con la que le está cayendo, incluso en el plano internacional.
Pienso que estos mensajes están destinados a enardecer a una militancia socialista algo alarmada por lo que está ocurriendo elección autonómica tras elección autonómica, aunque no es seguro que el descalabro socialista en Castilla y León el próximo día 15 de marzo sea tan sonoro como en Extremadura o en Aragón, entre otras cosas porque el candidato del PSOE es menos 'polémico', por decirlo de algún modo. Pero lo que me dicen es que la estructura del PSOE castellano-leonesa prefiere no ver por allí demasiado a Pedro Sánchez, y menos cuando en torno al presidente se recrudecen algunas polémicas, familiares y partidarias.
A mi juicio, un comentarista tan notable como Iván Redondo debería contemplar también alguna cuestión ética y estética muy importante: la limitación de mandatos, por ejemplo. Este asunto no tiene una regulación legal en España, como sí la tiene en otros tantos países, pero me parece, a estas alturas, un imperativo democrático. Sánchez es ya, junto con el húngaro Orban, el primer ministro europeo que más tiempo lleva en el cargo y ahí sigue, aferrado a la alfombra roja, mientras muchos de sus colegas en los países del entorno se han sometido a elecciones, a cuestiones de confianza o simplemente han disuelto el Legislativa para convocar comicios por no tener una mayoría estable. Creo que batir, aliándose con quien sea y a cambio de lo que sea, el Guinness de los récords en cuanto a pervivencia a trancas y barrancas en el palacio presidencial, no es lo que más le conviene ni a su propia imagen ante la Historia ni tampoco a la generalidad de los españoles.
Ignoro, por supuesto, cuándo piensa el presidente disolver las Cámaras y qué golpes de efecto tiene pensados de aquí a entonces. Puede que ni él mismo lo sepa y, maestro como es en marcar los tiempos, esté aguardando acontecimientos y a que le vengan a la cabeza nuevas ideas de marketing político. De lo que estoy seguro que ni él (Sánchez, digo) se cree es que ganará las elecciones que hipotéticamente se celebrarían allá por el verano de 2027, que ya veremos. Ni aunque lo diga Iván Redondo, que me parece que, fuera de Moncloa, pierde muchas de sus plumas de adivino.