MADRID 11 Dic. (OTR/PRESS) -
Un par de periódicos han proporcionado, este fin de semana con que se ha cerrado el gran puente Constitución-Inmaculada, sendos trabajos acerca de la que ha de ser cuestión principalísima, en la agenda política, en los días que vienen: los juicios franquistas y su eventual revisión. En efecto, nos contó el sábado El País que el gobierno abre la vía para revisar con condiciones los juicios franquistas, y que los socialistas precisan que sólo tendría efectos morales y simbólicos. Es decir, descartan que se anulen las sentencias de muerte para evitar un estallido jurídico. IU y ERC, por su parte, reclaman la nulidad de todas las sentencias. Este domingo ha vuelto sobre el asunto, para señalar que IU y ERC exigen que la revisión de condenas franquistas tenga consecuencias jurídicas. Por su parte, La Vanguardia anuncia que Zapatero llevará a las Cortes otra apuesta arriesgada: La revisión del franquismo. Y explica que el Ejecutivo defenderá esta semana su proyecto contra el PP, IU y ERC. Tampoco expone las distintas posturas: La izquierda reclama la anulación de todas las sentencias del franquismo. El PSOE reformulará el preámbulo de la ley para buscar la complicidad de IU y ERC. De manera que aquí tenemos la memoria histórica, propósito legislativo que ha venido dando bandazos y causando encontronazos entre las fuerzas políticas, unas favorables y otras contrarias incluso a que pudiera plantearse esa clase de revisión histórica.
Ahora volveremos a escuchar los alaridos de quienes desearían que se hubiera pasado totalmente esa página de la historia, o bien los de quienes, como el PSOE, quieren apenas una revisión 'light', somera y sin consecuencias, o quienes reclaman y exigen una revisión a fondo y con las correspondientes consecuencias. Es decir, si se procede a revisar las condenas de los tribunales franquistas, y se llegara a la conclusión de que hubo irregularidades e injusticias obvias y condenables, ¿cómo se va a quedar ahí la revisión de los hechos comprobados, y no llegar hasta el final: es decir, no solamente la proclamación de una honra maltratada durante seis o siete décadas, sino la reclamación de los daños y perjuicios a que hubiera lugar por causa de aquellas injusticias bélicas. Dicho sea de paso, alguna de tales reclamaciones ya han sido atendidas en el caso de los bienes de los sindicatos, indemnizados por las expropiaciones de las que fueron objeto. Es decir, hay ya un precedente para que se actúa de parecida manera con los herederos de quienes padecieron similares persecuciones por el régimen del dictador Franco.
¿Se llagará hasta el final, en estos procesos? No hay duda de que para muchas familias no habrá paz definitiva hasta tanto no se proceda a devolver la paz a sus muertos. Para otros ciudadanos, mal valdría no regresar a aquellos años turbulentos y sangrientos, que a todos nos devolverán algún grado de zozobra.
José Cavero