Actualizado 22/12/2006 01:00

Lorenzo Bernaldo de Quirós.- Maleni y la cólera de Dios

MADRID 22 Dic. (OTR/PRESS) -

Ha dicho la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, que ni el Gobierno ni el resto de los españoles están para pagarles las vacaciones a los perjudicados por el asunto de Air Madrid. No le falta razón a la ministra, pero entonces también debería añadir que, a partir de ahora, el Estado va a dejar de inmiscuirse en asuntos que atañen a empresas privadas. Porque si el Estado adopta el papel paternalista de decirnos cuando las cosas están bien o están mal y en tomar decisiones que afectan a nuestra vida diaria, también tiene la obligación de asumir las consecuencias.

Vivimos en un modelo de Estado que todavía conserva maneras socialdemócratas o estatistas de comprender las relaciones económicas, y eso se deja ver en decisiones como la de Air Madrid. Si es el Estado el que concede a una determinada compañía una licencia de vuelo, lógicamente también es el Estado el encargado de quitársela, pero asumir ese papel implica reconocer unas consecuencias que han dejado de ser una cuestión privada de los clientes de la compañía. El papel de tutelaje se extiende sobre toda la actividad de la empresa, no solo sobre una parte.

Lo lógico sería que las compañías aéreas pudieran ejercer su actividad sin mayores límites de la necesaria legislación que evite abusos y prácticas desleales o peligrosas para los clientes -es decir, el cumplimiento de unas determinadas normas que afecten, sobre todo, a la seguridad de los aparatos- y la Ley del Mercado, es decir, que si la compañía es mala y no cumple sus compromisos será la propia ley de la oferta y la demanda la que acaba por quitarle la licencia, es decir, por cerrarla, como ocurre tantas y tantas veces con otras compañías.

Pero en la declaración de la ministra se desprende una actitud mezcla de intervencionismo socialista, demagogia populista y cierta actitud xenófoba ante el tipo de cliente que tiene Air Madrid. Sin pretender salir en defensa de una compañía aérea que ha demostrado una nula capacidad de gestión y que tendrá que dar muchas explicaciones a sus clientes -y pagar muchas indemnizaciones-, Fomento ha actuado con absoluta irresponsabilidad, sin tener ningún plan de actuación previo a la decisión que ya tenía pensado tomar. Si los clientes de Air Madrid fueran ingleses, a lo mejor no se hubiera actuado de la misma manera... ¿O si?

Lorenzo Bernaldo de Quirós.

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