MADRID 1 Abr. (OTR/PRESS) -
El ciudadano José Blanco es muy posible que no resista comparaciones con Demóstenes, pero un buen porcentaje de la reciente victoria electoral de Rodríguez Zapatero se deben a su intuición y a su pragmatismo, una mezcla de retranca que está entre lo galaico y lo castellano, entre el barrio industrial y la parroquia agropecuaria, y que le permiten acertar con aquellas demagogias más eficaces y más difíciles de combatir. A mí me da igual que sea o no ministro, aunque supongo que no a él, pero lo más importante es que, con cartera o sin cartera, posee una vislumbre de los negocios políticos, del regate en corto, que resulta muy difícil de superar.
Lo último que le he escuchado ha sido una expresión que puede parecer un lapsus linguae, pero que estoy convencido de que posee la intencionalidad del avispado sastre que no da puntada sin hilo. Ha dicho el Lince de Lugo que, "enseguida veremos si el PP ha cambiado u opta por la confrontación premeditada". En política, las confrontaciones son casi siempre premeditadas, por lo que parecería un pleonasmo, pero el término premeditado, en el referente popular, está asociado al concepto "alevoso". Cualquier lector de las páginas de sucesos, que son las más visitadas, asocia la premeditación a la alevosía, y sabe que los crímenes con premeditación y alevosía son más graves que los arrebatos pasionales. Imaginar a José Antonio Alonso preso de un furor pasional durante la confrontación política, o a Pío García Escudero, o a la misma Saénz de Santamaría, resulta como poco pintoresco. Sus enfados serán siempre premeditados y planificados, pero el ciudadano Blanco es un maestro de formulaciones orales, que ya quisieran poseer muchos de los creativos publicitarios. Lo que ignoro es si al futuro ministro estas cosas le salen solas o las premedita, pero las borda.
Luis Del Val.
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