MADRID 6 Feb. (OTR/PRESS) -
Los Gobiernos tienen una responsabilidad muy relativa en materia de paro y algo más de precios. Pero eso no les salva de tener que afrontar, como le sucede ahora al de Zapatero, un aumento del paro como el experimentado en España el pasado mes de enero. También es legítimo el aprovechamiento que la oposición hace de eso, a cinco semanas de las elecciones generales. Aunque lo justo y decente sería que todo el mundo se enterase del contexto en que el problema se produce. El final del boom inmobiliario, junto a elementos distorsionantes procedentes de los problemas de la economía USA y otras economías, trae estas consecuencias en la desaceleración de la economía española. La derecha política debe ser consciente de que sus hermanos de la derecha económica, con los que a menudo se confunden familiarmente, son los principales responsables de lo que sucede, porque ellos son los que han protagonizado, y con ello se han enriquecido, la locura inmobiliaria y consumista de los últimos años. Ahora es demasiado indecente echarle todas las culpas al Gobierno de Zapatero.
No es el Gobierno quien había montado todos esos tinglados de la última década que ahora se están viniendo abajo como era absolutamente inevitable. Los culpables principales son los montadores de tales tinglados, que ya son multimillonarios, y a los que no afectarán las consecuencias de este cambio que estaba supercantado, porque había sido un boom excesivo e insostenible. Y lo gracioso es que ahora desvían hacia el Gobierno sus culpas y el Gobierno se las ve y se las desea para defenderse de una carga que en el 90% no le corresponde. Pero así es la política y el Gobierno y su partido ya lo saben. Lo que tienen que hacer es explicar bien lo que pasa y las culpas de cada cual. Y exponer con toda claridad ante el país cuáles son las recetas que ofrecen para salvar el escollo económico al pedir el voto para las elecciones generales del 9 de marzo. Y eso, aunque el PP siga sin aclarar prácticamente nada sobre su programa económico para los próximos cuatro años, en el improbable caso de que ganen las elecciones.
Pedro Calvo Hernando.