MADRID 30 Abr. (OTR/PRESS) -
El presidente del Gobierno, en su entrevista de TVE, ha dejado bien claro cuál es su estado de ánimo y cuáles son sus preocupaciones fundamentales en estos momentos de puesta en marcha de todos los mecanismos institucionales, casi dos meses después de las elecciones del 9 de marzo, que lo colocaron en una situación relativamente cómoda para gobernar los próximos cuatro años.
El momento coincide también con una serie de hechos y decisiones que dibujan la enorme diferencia de la presente legislatura respecto de la anterior, se mire como se mire, de manera que entre las dos apenas hay más coincidencias que la presencia de la desaceleración económica, reflejo de lo que sucede en Europa y en América.
Ahora hay muchos problemas, claro, pero forman parte de la normalidad de cualquier país democrático, que en la etapa anterior eran tapados casi siempre por la losa de la crispación alimentada por el primer partido de la oposición, a su impulso o espoleado por las instancias políticas y los medios de comunicación ultraderechistas que lo condujeron al fracaso.
Mariano Rajoy intenta ahora inaugurar un nuevo tiempo en su partido, rodeado de las enormes dificultades que estamos contemplando y que hacen temer que no le sea posible llegar a ningún puerto distinto del que encontró el pasado 9-M. Pero lo intenta y tal vez esté en sus manos la única posibilidad de poner en orden al Partido Popular y en disposición de ejercer con normalidad su función política. Hoy sabemos que Eduardo Zaplana abandona la política y se marcha a un alto cargo de Telefónica, abandono que Esperanza Aguirre lamenta profundamente al considerar que se trata de una de las personalidades más valiosas de la política española.
Una nueva bofetada a Rajoy, por si eran pocas las que se andaban intercambiando en las últimas semanas. Los medios ultras la tomarán de nuevo con Rajoy por haber permitido o propiciado la marcha de esa joya de la política, Y así todos los días. Y el Gobierno, a Líbano, Seychelles, el aceite de girasol y la desaceleración, es decir, la normalidad, los problemas reales.
Pedro Calvo Hernando.