MADRID 30 Ene. (OTR/PRESS) -
Por si no era bastante la operación Guateque y la resolución sobre el Yak-42 para fustigar a los dirigentes del PP en estos días de la precampaña electoral, aquí tenemos la sentencia que exculpa total y definitivamente a los médicos represaliados del Hospital Severo Ochoa de la ciudad madrileña de Leganés, y de manera especial al doctor Luis Montes, perseguido y lapidado como un moderno Cristo por las turbas enfurecidas. Me parece indecente que estemos todos tan ocupados con la crítica a la ocurrencia de los 400 euros de Zapatero, bobada electoralista, como tantísimas otras con las que la clase política nos flagela estos días, y no dediquemos el espacio y el tiempo que merece el caso Leganés, una de las supremas vergüenzas del Partido Popular, que rebasa escandalosamente los límites de la Comunidad de Madrid y las fronteras de lo tolerable sin que quedemos todos anegados de fango. Nunca había sucedido nada tan grave y tan indigno como este ataque brutal a la sanidad pública y a un selecto grupo de brillantes profesionales.
Desde la dirigencia del PP, especialmente el madrileño, se niegan a pedir perdón -que sería lo mínimo exigible, y a asumir responsabilidades políticas por todo lo que dijeron y por todo lo que hicieron, como es acusar a los médicos poco menos que de asesinos y como es haberlos expulsado de sus puestos profesionales, cuya reposición se niegan también a admitir. Especial gravedad reviste la conducta del actual consejero de Sanidad, José Manuel Güemes, por cierto yerno de Carlos Fabra, el famoso presidente de la Diputación de Castellón. Todavía van a exigir que les pidan perdón a ellos, como el riojano del Audi 8, que pide indemnización a los padres del chico que mató con su coche por los desperfectos causados en la carrocería. Se ve además que a éstos les importa un bledo el prestigio de la sanidad pública, la gran perjudicada por el affaire, además de los profesionales afectados. ¿Vamos a seguir diciendo estupideces en la campaña electoral sin exigir la reparación de esta enorme injusticia?
Pedro Calvo Hernando.