MADRID 12 Sep. (OTR/PRESS) -
Era un Onze de Setembre muy especial, ante la proximidad de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya. Se está hablando mucho y con poco juicio sobre la famosa y nonata sentencia y más bien poco en torno al origen de tanto desasosiego. Ese origen, una vez más, está en el Partido Popular, que planteó el recurso de inconstitucionalidad como colofón de la cruzada contra el sentido del autogobierno que contenía y contiene el texto del Estatut. Siempre igual, siempre lo mismo, el partido de Mariano Rajoy al frente de cualquier batalla contra el progreso de todo lo imaginable, ya sea el sentimiento autonómico avanzado, o la salida del concepto de familia de sus cauces exclusivamente medievales, o el apoyo a una solución progresista, justa y humana de la crisis, o el avance de la modernidad en todos los asuntos que rozan la moral y las costumbres, o la toma de decisiones que impliquen algún sacrificio para las clases privilegiadas...
Sin aquel comportamiento del PP, estos tres últimos años no habrían sido de incertidumbre y de desarrollo de los instintos anticatalanes que anidan en una buena parte de la derecha conservadora española. Como antes, sin ese comportamiento no habríamos asistido a las terribles tensiones de los años 2005 y 2006, que ahora pueden reproducirse, como ya está comenzando a suceder. Sin saber muy bien cuál sea la viabilidad jurídico-política para salvar, en caso de sentencia adversa, la esencia del pacto catalán y del acuerdo en el Parlamento español, lo que sí digo es que una sentencia de un Tribunal, además mal constituido, no puede cargarse la voluntad de todo un pueblo, bendecida por su Parlament y luego por el Parlamento español. Eso es lo que el TC tiene que plantearse antes de encender la mecha de un periodo de inestabilidad y de tensión extrema en una de nuestras comunidades más señeras, que es Cataluña. Ellos son los que tienen que solucionar esto, no los políticos ni los periodistas, que han de limitarse a expresar sus respectivos puntos de vista y a ser respetuosos con la voluntad del pueblo.