Publicado 11/06/2026 08:01

Fernando Jáuregui.- Y después del Papa, ¿qué? Pues más de lo mismo

MADRID 11 Jun. (OTR/PRESS) -

Tuve la suerte de ser testigo directo, en el Congreso de los Diputados, del importante mensaje que el Papa lanzó no a los españoles (que también), sino a eso que llaman 'clase política' en el mundo entero. Y mucho me temo que el mismo caso que, por ejemplo, pueda hacer alguien como Donald Trump a los discursos llenos de sensatez y buena voluntad de Prevost, se lo van a hacer los responsables políticos españoles: apenas unas horas después del paso de León XIV por la sede parlamentaria, ya estaban Sánchez y Feijoo enzarzándose en su eterna pelea de cada sesión de control parlamentario al Gobierno. Parafraseando el título del cuento más breve de la Historia, de Monterroso, "y cuando el Papa se fue, el dinosaurio de la crispación seguía ahí". Y más fuerte que nunca, además.

"Sánchez y Feijoo ignoran la llamada al diálogo del Papa y la crispación regresa al Congreso", titulaba un importante periódico catalán el resultado de esta sesión de control, de la que había desaparecido cualquier vestigio de entendimiento, coordinación o siquiera concordia entre los pugnaces grupos parlamentarios. ¿Ha servido de algo la visita del Papa a España o, al menos, a los cenáculos y mentideros políticos madrileños? Pues si ha servido para algo al país -y yo creo que sí ha servido para transmitirnos unas cuantas cosas fundamentales- no ha sido, desde luego, para convencer a nuestros representantes de que deben cambiar sus pautas de conducta política y social.

Claro, era ingenuo pensar que los rostros beatíficos iban a durar más de cuarenta y ocho horas tras la visita de León XIV a los cuarteles de la crispación. Ni el mensaje evangélico ha calado en la emponzoñada política española ni ha penetrado en el corazón de quienes, sin embargo, tanto le aplaudieron en la Cámara Baja el pasado lunes... para olvidarlo el martes.

Y ya los titulares informativos han pasado de la, sin duda, triunfal visita papal a nuestro país, cuando esta ni siquiera ha acabado formalmente, a lo que, a partir de ahora, nos espera: siete sumarios judiciales de enorme envergadura que, sin duda, desgastarán al Gobierno hasta el punto de, quién sabe, hacerle caer de una u otra forma antes de que se cumpla el sueño de Pedro Sánchez de completar la legislatura.

Siete casos judiciales que van desde los que afectan a los familiares del presidente (que yo creo que no tienen relevancia penal, aunque sí ética, estética y moral) hasta los que afectan de lleno a cercanos colaboradores de Sánchez, como Ábalos, Santos Cerdán o el propio Zapatero. O los que inciden directamente en la conducta del partido que sustenta al Ejecutivo, como los de 'las cloacas' del PSOE, hidrocarburos, etc.

Las últimas palabras sobre las investigaciones de la UCO y de la UDEF en todas estas tramas aún están bien lejos de haber sido pronunciadas: quedan muchos audios, muchos diarios, muchos mensajes que, de una u otra forma, incidirán en la carrera política de Sánchez, a quien, como máximo responsable, sí cabe al menos elogiarle el que puede ser el último de los servicios importantes que ha prestado a su país: la organización de una visita en la que han colaborado (¡¡sin pelearse!!) tantos estamentos de poder. Lástima que el legado moral de este viaje ni se pueda, ni se quiera, recoger hasta sus últimas consecuencias: quienes deberían haber entendido el mensaje obviamente no están capacitados para hacerlo.

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