MADRID 16 Nov. (OTR/PRESS) -
Quien tuvo el dudoso privilegio de asistir a los mítines electorales (?) que propinó Jesús Gil y Gil a la ciudadanía de Marbella durante la campaña para las municipales del 91, en las que arrasó, recordarán como yo, que presencié alguno por imperativos de mi ejercicio profesional, cuál era su eslogan, su idea-fuerza, su mensaje: "Vengo a forrarme, pero repartiré". De muchas otras cosas, de casi todas, se podrá acusar al infausto personaje que tanto miserabilizó en la pasada década la vida futbolística, política, televisiva e inmobiliaria de la nación, pero no de haber faltado a aquella su promesa electoral de repartir algo de lo robado.
Lamentablemente, lo robado fue todo, desde el dinero público hasta la dignidad del pueblo de Marbella, que en buena parte actuó de cooperador necesario al otorgarle reiteradamente el mando de la plaza, engolosinado por el reparto del botín de su propio despojo y del que, como es natural, no pilló ni las migajas. El reparto fetén de los bienes presentes y futuros del que era el municipio más rico y hoy el más paupérrimo, lo hizo con todos los hampones, o presuntos hampones, que el juez Torres, echándole el valor y la decencia que no tuvieron en su día ni el gobierno, ni la Junta, ni la judicatura, ni la ciudadanía, va poniendo a la sombra en el curso de su Operación Malaya.
Gil, el gran profeta de la corrupción y del robo a dos manos, creó escuela entre su chusma, tanta que alguno hasta se le rebeló (Julián Muñoz) cuando creyó haber asimilado toda su ciencia y ser capaz de suplantar al maestro. Pero mientras ese patio de Monipodio arramblaba con la última peseta, y destruía dunas, pinares, jardines, campos de labor y hasta montañas enteras para plantar bloques de cemento, lo cual duró quince largos años, todo el mundo miró hacia otro lado, dejando hacer con impunidad absoluta a Alí Babá y, que se sepa de momento, sus setenta y tantos ladrones. Qué lástima que a nadie en ese tiempo le diera por mandar allí, en plan redada, a la policía.
El saco, el saqueo de Marbella, se pudo hacer con absoluta tranquilidad. ¿Pasará igual, como está pasando, en el resto de España?
Rafael Torres.