MADRID 1 Dic. (OTR/PRESS) -
En Asuntos Sociales no podían haber elegido un anuncio más impactante para denunciar el maltrato a menores: Sobre la cara de un pequeño, una banda negra tapándole los ojos en la que se puede leer la siguiente pregunta ¿A que duele?.
Observando el cartel imaginaba a esos niños indefensos que sufren palizas y acoso continuo, por parte de quién tiene la obligación sagrada de protegerles y mimarles, o sea, de sus propios padres o de sus familiares más cercanos. Un grave problema que ha hecho saltar todas las alarmas de las distintas administraciones, ya que en lo que va de año se han registrado en nuestro país 6.400 denuncias. Una cifra espeluznante que debería hacernos reflexionar sobre qué es lo que esta está pasando en nuestra sociedad para que un adulto sea capaz de maltratar con tanta saña a una criatura indefensa. Un niño o una niño que por edad son incapaces de denunciar a su maltratador . Pero siendo esto gravísimo, lo más sangrante es cuando ese maltrato se produce ante la indiferencia de familiares, amigos e incluso la propia madre.
Y mientras esto escribo me estoy acordando de Alba, la niña de 5 años, que ingresó en el Hospital del Vall d'Hebron de Barcelona, la noche del 5 del pasado marzo, después de ser presuntamente agredida por el novio de su madre, y de la que nada más se había vuelto a saber hasta que con motivo de la campaña de Asuntos Sociales, su historia ha vuelto a saltar a los medios de comunicación.
Según los especialista que le atienden de aquel traumatismo craneoencefálico de pronóstico grave que se le diagnosticó en un principio, a Alba le van a quedar secuelas que le marcaran el resto de su vida. Tanto que no podrá volver a desarrollar una vida normal nunca más. Las lesiones neuronales le impedirán desarrollar habilidades fundamentales como son hablar, estudiar, comprender el lenguaje escrito y hablado, caminar o comer. Hasta día de hoy Alba se alimenta de una sonda nasogástrica, y no parece que su situación vaya a mejorar pese al interés de los facultativos y especialistas.
Pero Alba no es la única niña maltratada, aunque su caso sea el más conocido. Como ella hay muchos otros, cuyo nombre no han saltado a la prensa, y no saltarán jamás porque ya no pueden contarlo. De ahí la necesidad de denunciar a cualquier persona que sea capaz de maltratar a un niño porque llora, porque es travieso, o simplemente porque le impide conciliar el sueño a su padre o a su madre. Se ha conseguido que en el parlamento se apruebe una Ley contra la violencia de género, ahora hay que conseguir que los políticos, que la ciudadanía en general, se conciencie de que a los niños hay que protegerles como si fueran un tesoro, porque lo son, y porque ellos representan el futuro, son nuestro futuro y no podemos abandonarles a su suerte.
Rosa Villacastín.