Actualizado 03/12/2006 01:00

Victoria Lafora.- Brillante diplomático

MADRID 3 Dic. (OTR/PRESS) -

En las condiciones más difíciles el Papa Benedicto XXI ha logrado esta semana, en su viaje a Turquía, mostrarse como el más brillante diplomático europeo. Ante las manifestaciones y protestas por su llegada el Pontífice no se arredró, no suspendió su viaje y, en medio de extraordinarias medidas de seguridad, trasladó tolerancia y respeto.

Sus afirmaciones cuando era Cardenal cuestionando la oportunidad de la incorporación de Turquía a la UE y su discurso de Ratisbona convirtieron esta visita pastoral en la "más difícil todavía" y con un discurso integrador y políticamente correcto ha conseguido dar la vuelta a las expectativas y ganarse a los representantes de las otras dos religiones de este país crisol de culturas y donde conviven, hasta ahora, religiones que kilómetros más al sur se enfrentan a tiros.

La inicial irritación de los habitantes de Estambul sometidos a unas medidas policiales sin precedentes y con una ciudad cortada y colapsada por el dispositivo de seguridad, se convirtió en escéptica paciencia ante el caos de tráfico organizado por las, tal vez, excesivas precauciones del Gobierno de Erdogan para prevenir un atentado. Algunos llegaron a pensar que tantas molestias a los vecinos de la antigua Constantinopla eran un efecto buscado para que quedara una imagen negativa de una visita no deseada.

Pero la ambigua declaración del Papa sobre la entrada de este país en la Unión; su mano tendida a musulmanes y cristianos a encontrar juntos el camino de la paz y sobre todo su visita, descalzo, a la Gran Mezquita Azul son gestos inteligentes que han desarmado las suspicacias previas.

Esta nueva diplomacia, impuesta por el Papa alemán, está cambiando las tradiciones vaticanas donde hasta hace muy poco era impensable ver a un pontífice romano, descalzo, orando cara a la Meca, en compañía del Muftí de la ciudad. Sólo hay que recordar que su antecesor Pablo VI rezó en Santa Sofía, cuando ya era museo y un símbolo de la laicidad del Estado turco.

Pero a Benedicto XXI le ha tocado dirigir la Iglesia Católica en tiempo difíciles de enorme enfrentamiento entre las dos religiones mayoritarias y donde los gestos de tolerancia cobran una importancia inusual y ese es el mérito: darse cuenta de que el papel más eficaz ahora mismo es tender puentes, no dar lecciones, y respetar las otras creencias.

Pero eso sí, dejando claro que la convivencia sólo puede existir sin violencia. Con violencia nada.

Victoria Lafora

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