Publicado 26/12/2013 12:00

Victoria Lafora.- Claves de un discurso

MADRID, 26 Dic. (OTR/PRESS) -

El Rey se dirigió en Navidad a unos ciudadanos que, llenos de dificultades, celebraban la Nochebuena. Su primera llamada de atención fue hacia ese sector social, cada vez más numeroso, que no supera el umbral de la pobreza. Hacia los pensionistas que, sosteniendo muchas veces la estructura familiar, han visto sus prestaciones mermadas. De todo eso hablo el Rey, pero no para mencionar la injusta situación de los que han visto recortados sus derechos, si no para elogiar la solidaridad como un valor patrio.

Es verdad que las instituciones han perdido el crédito y la estima de la ciudadanía, pero entre ellas también la Corona. Este año ya no ha hecho ninguna mención a ese principio tan violado de que todos los españoles son iguales ante la ley. Nadie le creería después de la incansable labor del fiscal para que no se impute a su hija, la infanta Cristina, quien, por su nivel de gastos cargados a la sociedad que compartía con Urdangarin, cada vez resulta más inverosímil apostar por el desconocimiento de los trapicheos económicos con dinero público de su cónyuge.

Del discurso del Monarca queda la liviana impresión de que los males que acontecen a los españoles no son imputables a un Gobierno y una clase política que, conservando todas sus prebendas, ha sido incapaz de hallar otra solución a la crisis que no sea recortar derechos y libertades.

La falta de un proyecto ilusionante de país hace difícil vender la unidad del Estado como una apuesta a la que se quieran seguir sumando, por ejemplo, los que hasta ahora se sentían catalanes y españoles y ahora solo catalanes.

La crisis y la ausencia de un futuro mejor, por lo menos a corto plazo, no es un mal bíblico. Es la consecuencia de una pésima gestión económica, de un fraude fiscal escandaloso, de incívicos que se llevaban el dinero a paraísos fiscales y de una clase política corrupta que se ha lucrado con dinero público. Nunca ha habido en el tiempo de vigencia de la Constitución, que tanto defiende el Rey, tantos implicados en casos de corrupción. Y como la Justicia no es igual para todos ni Jaume Matas, ni Carlos Fabra, han entrado todavía en prisión pese a ser condenados.

Es verdad que la Carta Magna necesita un repaso pero, además de buscar una fórmula que permita la convivencia de todos los españoles, vivan donde vivan, es preciso recortar las prerrogativas de los partidos políticos que han "ocupado", como si fueran sus fincas, las más altas instituciones del Estado, convirtiéndolas en órganos a su servicio y contribuyendo a su desprestigio.

Este país está para el tinte y no va a ser suficiente la "generosidad" a la que apela el Rey para que la clase política dialogue y negocie el bien común. La sociedad ya no confía en generosidades, lo que exige es eficacia, reparto equiitativo del coste de la crisis y que saquen las manos de los fondos públicos. Del primero hasta el último.

Contenido patrocinado

Foto del autor

Francisco Muro de Iscar

Queridos Reyes (los Magos y los otros)

Foto del autor

Fernando Jáuregui

Y, a todo esto, Sánchez, concluyendo sus vacaciones

Foto del autor

Victoria Lafora

Desatado

Foto del autor

Carmen Tomás

Objetivo Moncloa