MADRID, 7 Nov. (OTR/PRESS) -
Hillary Clinton es la primera mujer en la historia candidata a ser presidenta de los Estados Unidos por el Partido Demócrata. De sobra conocida por ser la esposa del expresidente Bill Clinton, por ser humillada públicamente gracias a los escándalos sexuales de su marido y por ser Secretaria de Estado con el actual presidente Barack Obama.
Muchos años, décadas en primera línea política, hacen que sea mundialmente famosa; al igual que su oponente en la carreta presidencia, Donald Trump. Ambos están muy próximos en las encuestas y ambos son conocidos en todo el mundo. Empatan en popularidad y en impopularidad. Son los dos candidatos más conocidos de la historia y los dos más impopulares hasta la fecha.
Hillary nació en Chicago hace 69 años y si logra ganar la elecciones el 8 de noviembre alcanzará la Casa Blanca siendo, después de Ronald Reagan, la más longeva.
Abogada de profesión, licenciada en Yale, ha ejercido su carrera política de la mano de su marido, el expresidente Bill Clinton. La llegada de Hillary a la Casa Blanca supone que se convierte en la primera consorte presidencial que no tiene un papel testimonial. Hillary tuvo una directa participación en la administración de su esposo, algo que supuso en ocasiones algún que otro contratiempo. Llegó a suponer un estorbo para su marido en alguna etapa de su carrera y a salvarle en otras muchas. Su papel, sin duda, no es indiferente.
Su ambición y profesionalidad son uno de los valores que más se destacan en su biografía. Jamás nadie ha sufrido una humillación pública como la que ella soportó siendo Primera Dama del país. Tuvo que escuchar a su marido reconocer una relación infiel con la becaria Monica Lewinski. Pero además, llovía sobre mojado. Ya salvó a su marido de otras acusaciones de acoso y de infidelidad siendo gobernador de Arkansas. Jenniffer Flowers o Paula Jones son dos nombre más con una historia poco clara y relacionadas con el expresidente.
Sin embargo, el apoyo de Hillary a su marido en pleno 'escándalo Jennifer Flowers' fue decisivo para que ganara la presidencia. Sin el apoyo de Hillary, Bill no hubiera llegado a ocupar la Casa Blanca.
Expertos en comunicación señalan que el aplomo de Hillary en pleno escándalo, su serenidad y contundencia en el programa '60 minutos' fue absolutamente determinante. Ella hizo presidente a Bill Clinton pero a pesar de ello jamás ha logrado empatizar con el auditorio como lo hacía su marido.
Bill Clinton, a pesar de mentir públicamente, algo que hasta la fecha jamás se permitía a un político en EEUU, logró unos altísimos índices de popularidad. Tenía simpatías incluso entre su adversarios políticos. Alcanzó la presidencia con 46
años, a pesar de que ya se hablaba de negocios turbios, de reconocer haber fumado marihuana e incluso de manipular el sistema para evitar acudir a la guerra de Vietnam. Aún así logró la presidencia y, en parte, gracias a Hillary.
Desde los comienzos en la política, Hillary Clinton ha tenido una difícil relación con la prensa. No obstante, se ha aireado su vida sentimental sin ningún pudor. Además, Las críticas hacia su 'intromisión' política y la caída de popularidad de su marido fueron decisivas para que, durante un tiempo, diera un paso atrás. Su marido la retiró de la primera escena de la política y volvió a recuperar seguidores.
Curiosamente, el escándalo Lewinski le devolvió la popularidad perdida con la prensa. La carrera de su marido estaba pendiente de un hilo, o de las manchas de un vestido de la becaria. Sin embargo, lo que debiera haberse resuelto en la intimidad del hogar tuvieron que hacerlo de manera pública. Ella estuvo, de nuevo, apoyando a Bill Clinton. La prensa, esta vez, alabó su dignidad y el apoyo que percibía la llevó a presentarse al Senado por el Estado de Nueva York. Se convirtió en senadora siendo la esposa del presidente de EEUU. Algo inédito hasta la fecha.
En esta época, Hillary Clinton recibió el apoyo y una donación de quien es ahora su máximo rival político, Donald Trump. Los Clinton acudieron a la boda de la hija del magnate y parecía que la relación entre ellos era, sino de amistad, si bastante cordial dentro del mundo endogámico de los poderosos.
Hillary y Bill Clinton abandonan la Casa Blanca y comienza una maquinaria de ingresar dinero que les convierte en multimillonarios: escribir libros y dar conferencias. Los tres libros de Hillary le otorgan unos ingresos millonarios. Ambos gozan de una pensión de 400.000 dólares anuales y cobran cientos de miles de dólares por dar conferencias en entidades privadas.
Los más progresistas dentro del Partido Demócrata, los seguidores del senador de Vermont Bernie Sanders, son sus críticos más mordaces. A veces, incluso más que los republicanos.
Ha variado de postura política en numerosas ocasiones y la hemeroteca no es favorable a sus declaraciones, ya que se ha contradicho en múltiples ocasiones en cuanto al aborto, el matrimonio gay o la inmigración ilegal.
Anunció que se presentaba a las primarias de su partido en enero del 2007 pero un joven Barack Obama la barrió del mapa y del escenario político como opción demócrata. Sin embargo, cuando vio que no tenía opciones frente al primer candidato afroamericano supo plegar sus velas y soplar en la misma dirección que Obama. Asumió con dignidad la derrota y apoyó al candidato de manera decidida.
El actual presidente la nombra Secretaria de Estado, la pone al frente de la política exterior, pero sin grandes opciones de maniobra política. Durante su mandato no tuvo ninguna medida diplomática destacable y sirvió más como un cargo representativo que decisivo.
Cuando ya en 1015 anuncia su candidatura de las primarias demócratas y las gana aparece el asunto más espinoso: la utilización de una cuenta privada insegura para enviar correos electrónicos estando al frente de la política exterior del país. Algo que no desaprovechan sus adversarios para acusarla de poner en riesgo la Seguridad Nacional.
El FBI, que hace unos meses no ve delito, reabre la investigación en plena campaña electoral. Hillary va muy por delante de las encuestas frente a Trump . El golpe es duro y lo acusa. Su oponente sube en las encuestas y se aproxima a toda velocidad hasta llegar prácticamente al empate técnico.
En la jornada del domingo, el director del FBI reconocía en una carta enviada a los congresistas que no hay causa para investigar a Hillary Clinton después de revisar sus nuevos correos electrónicos. ¿Cómo han sido capaces de revisar más de 650.000 mails en 8 días? Es, sin duda, algo complicado de explicar pero así son las cosas en esta campaña electoral, considerada por todos los analistas políticos como la más loca, sucia, igualada e incierta desde hace décadas.
Pocas veces el país ha estado tan dividido y polarizado. Hasta el extremo de que se desconoce qué ocurrirá si gana Hillary. ¿Será Trump capaz de aceptarlo? Parece difícil que el magnate se conforme con algo que no sea ganar.
Quedan escasas horas para saber qué ocurrirá. Las encuestas le dan una ligera ventaja ponderada de dos puntos porcentuales. Ella sabe que depende de que la gente acuda masivamente a las urnas, de que sus votantes, que previamente deben haberse registrado para poder votar, lo hagan aunque ella no sea su opción preferida.
Recibirá votos de fieles seguidores, de algunos que van con la nariz tapada y de muchos otros que lo que quieren es evitar que Donald Trump sea presidente. Si logra conseguir los 270 compromisarios dependerá en gran medida de las llamadas minorías, hispanos, mujeres y afroamericanos.
La mayoría del mundo del espectáculo está con ella. De hecho, en la noche previa a las elecciones, cerrará campaña en Filadelfia con el matrimonio Obama y con el cantante Bruce Springsteen.