Agustín Jiménez.- Las cosas de comer

Actualizado 04/06/2008 2:00:25 CET

MADRID, 4 Jun. (OTR/PRESS) -

En Radio Copón se pelean con los alcaldes y la policía. Ellos defienden la libertad de expresión y la Iglesia es una institución seria. Radio Copón y la prensa mundana bregan asimismo con un partido que es el que siempre les ha dado de comer. Son gente independiente. Otra prensa -los viajes a Nueva York son mucho más baratos que los cursos de inglés- cita periódicos extranjeros de oscilante importancia que declaran que España está en bancarrota. Todo culpa de Solbes y un poco de Ibarretxe.

En Roma están con otros asuntos. La FAO y unas decenas de capitostes se hacen cruces sobre lo vacía que está la alhacena, lo caro que resulta llenar la despensa. Exageran. Con toda evidencia, los niños famélicos de África que no sonríen cuando los fotografían, guardan reservas suficientes para alimentar a los enjambres de moscas que los recubren. Tampoco es cierto que la comida dé la felicidad. La imagen suprema de la tristeza es la de un niño gordo occidental zampándose una hamburguesa. ¡Qué agilidad posterior! ¡Qué buenos flatos! Lo de los flatos ya da igual. Esta semana los expertos se han puesto a discutir y han dictaminado que la lucha contra el hambre pasa delante de la campaña contra el calentamiento de la atmósfera.

No hay duda de que lo principal es comer. A no ser que se acuchillen por distingos filosóficos y principios morales, las ganas de comer explican las cuchilladas que se propinan en cierto partido por quítame allá ese sillón. Cuando las madres de antes dejaron de cocinar, el apetito hispano propició una caterva de cocineros carísimos que nos han echado fama de país gurmé hasta que -también ellos- se han puesto a clavarse cuchillos porque, si no te peleas con alguien, eres un mal español.

Una facción de los cocineros alega que una secta pija sirve porquerías químicas, que alimenta mal y encima contamina la atmósfera. Como si fuéramos otra cosa que química. Como si la mismísima tortilla de patatas no se confeccionara en un proceso ebullitivo de química sudorosa. Como si no fuera a parar al mismo sitio que todo lo demás, que las actas de reunión de la FAO, que las cruzadas de Radio Copón.

Agustín Jiménez.

OTR Press

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