Actualizado 28/01/2012 13:00

Antonio Casado.- Camps y sus amigos.

MADRID 28 Ene. (OTR/PRESS) -

Es de suponer que la Fiscalía recurrirá la sentencia que, aún sin redactar, ha de basarse en el veredicto del jurado popular que declaró hace unos días "no culpable" al expresidente de la Comunidad Autónoma de Valencia, Francisco Camps. "No culpable", ojo, que no es exactamente lo mismo que declararle "inocente", cosa que no ha ocurrido. Y eso nos remite a la falta de solidez de un veredicto adoptado por tanteo de cinco a cuatro, en el que los cuatro se corresponden a los miembros del jurado que consideraron suficientemente probado que Francisco Camps nunca pagó los famosos trajes.

De momento queda exento de la responsabilidad penal derivada del delito de "cohecho pasivo impropio" (aceptar regalos de una trama que perseguía ganarse sus favores). Al menos formalmente. Otra cosa es la reparación de la honorabilidad perdida, tal y como la exigen algunos dirigentes del PP empeñados en relacionar la votación del jurado (5-4 a favor de Camps) con dicha exigencia. Pero la honorabilidad no es de quita y pon. Y además, Camps la perdió hace tiempo cultivando amistades peligrosas, abriendo la caja común a los negocios de una trama corrupta y actuando como si las urnas le dieran barra libre para todo.

Luego está la trastienda política del culebrón. En la memoria quedan los viajes del enviado especial de Rajoy a Valencia, Federico Trillo, para convencer a Camps de que aceptase una sentencia de conformidad (reconocerse culpable, como hicieron Betoret y Campos) porque el PP se estaba jugando el Gobierno de España. El desenlace fue la dimisión de Camps como presidente de la Comunidad Valenciana, por no perjudicar la causa electoral del PP y las aspiraciones personales de Rajoy a la Moncloa. Una verdadera patada política inspirada, por supuesto, por la dirección nacional del partido.

Le obligaron a elegir entre la horca y la guillotina. Y ahora, pocos meses después, se le llena la boca con algo que ha debido caer como una bomba en la calle Génova. Me refiero a una frase especialmente dedicada a los causantes de su desgracia política: "Si tienen conciencia, tendrán remordimientos", ha dicho sin mirar a nadie. Que se de por aludido el PSOE va de suyo. Lo sorprendente es que se haga de nuevas la dirección del PP, cuyo copyright en la estigmatización política de Camps es indiscutible y verificable.

Las reacciones de los dirigentes del PP coinciden en considerar demostrada la inocencia de Camps. Si son sinceras lo coherente es la inmediata rehabilitación política del personaje defenestrado después de unas elecciones autonómicas que acababa de volver a ganar por mayoría absoluta. No hay ningún obstáculo legal para devolverle el cargo del que le desalojaron los amigos y los enemigos. Ya se supone que los enemigos no estarán por la labor. Y en cuanto a los amigos, sobrados de poder para llevarle de nuevo a la presidencia valenciana, ahí queda la incógnita de si estarán dispuestos a rehabilitarle después de haberle defenestrado. Lo dudo.

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