MADRID 23 Abr. (OTR/PRESS) -
Insisto en mi entrega del 15 de abril ("Desbarajuste inmigratorio"). Nos escandaliza la maldita burocracia, el papeleo, las complicaciones digitales para no pocas personas de bajo nivel académico, las prisas políticas de un Gobierno que dicta decretos sin disponer los medios para aplicarlos y, por encima de todo, el hambre atrasada de papeles que padecen los inmigrantes que han venido a donde les trajo la necesidad.
Por no entrar en los déficits de legitimidad que vienen de fábrica porque, una vez más, el Gobierno de Sánchez ha tomado una decisión de mayor cuantía, como la regulación masiva de inmigrantes irregulares, a espaldas del Congreso y de la Unión Europea.
No solo.
Además, sin concertarla antes con los ayuntamientos, las ONGs, las gestorías privadas, la red de oficinas de extranjería, los consulados, etc, a fin de garantizar con carácter previo una logística suficiente para hacer más o menos fluida la puesta en marcha de esta regulación extraordinaria de extranjeros que viven y trabajan en España (al menos cinco meses antes del 1 de enero de 2026) sin cotizar, sin pagar impuestos directos, pero con acceso a servicios públicos.
El resultado está a la vista. Un caos que ha hecho buena al menos una de las cuatro "íes" de Feijóo (injusta, inhumana, insostenible e insegura). Porque inhumano es el trance que los inmigrantes sufren en horas de colas interminables para obtener una cita o un documento.
Lo estamos viendo a diario en las escenas televisadas y las referencias informativas al colapso telefónico, la saturación de páginas digitales y el desbarajuste general en los primeros días del operativo para hacer frente al tsunami de un millón de personas que entraron legalmente, se quedaron ilegalmente y ahora tienen que acreditarse en el arraigo, la vulnerabilidad y carencia de antecedentes penales.
Para colmo, y como era previsible, el desbordamiento de los cauces habilitados para llevar a cabo esta iniciativa solidaria pero mal planificada, amén de no resolver el problema de fondo, ha dado lugar a la aparición de "solucionadores" a precio de mercado negro.
Espero que las denuncias de los afectados y el trabajo policial frenen esta lacra de los consabidos pescadores en rio resuelto.
El fenómeno migratorio requiere orden. Pero también concierto. El decreto del Gobierno peca de falta de sintonía con el principal partido de la oposición y la doctrina europea que, a su vez, viene condicionada por la libre circulación en el llamado espacio Schengen.
Pero tener en cuenta lo uno y lo otro no parece que le haya preocupado lo más mínimo a Sánchez. Así nos va.