MADRID 23 Abr. (OTR/PRESS) - Y te diré quién eres, de modo que para que Europa sea de veras la que dice ser, o la que aspira a ser, no puede andar en tan malas compañías. Sin embargo, anda en ellas, particularmente con la peor, el siniestro régimen de Netanyahu con el que la Unión Europea mantiene el llamado Acuerdo de Asociación que le convierte, en la práctica, en un miembro más del club que presume de respetar y defender como nadie los Derechos Humanos.
El artículo 2 de ese Acuerdo de Asociación de la UE con Israel que España ha propuesto suspender con escaso éxito, se refiere precisamente a eso, a la obligación de las partes a respetar los Derechos Humanos, pero se ve que ni una ni otra, ni la UE ni Israel, consideran humanos a los gazatíes, a los cisjordanos o a los libaneses. Salvo España, Irlanda y Eslovenia, ningún otro de los 27 parece, a tenor de su renuencia a apartar de su lado a quien los masacra y escarnece con una brutalidad infinita, considerarlos humanos.
Unos miran para otro lado, hacia el lado del bolsillo seguramente, otros, como Francia, suponen que la ambigüedad que practica no es una forma de refrendo al salvajismo del gobierno de Israel, otros, como Italia, le ponen una vela a Dios suspendiendo su acuerdo bilateral de defensa y otra al Diablo, que huelga decir quién es, y otro, en fin, como Alemania, que permanece instalado en la tóxica confusión de su sentimiento de culpa, que le nubla la visión de los genocidios del presente.
España no ha logrado convencer a sus socios europeos de la necesidad de apartarse de Netanyahu, pero se ha ganado la adhesión admirativa de la ciudadanía europea, que sí quiere que su casa común, Europa, una de las pocas casas en pie que van quedando en medio de la demolición moral del mundo, sea la que dice es y no la que verdaderamente es andando en tan malas compañías.