Publicado 20/04/2024 08:00

Antonio Casado.- ETA los retrata

MADRID, 20 Abr. (OTR/PRESS) -

La entrada de ETA en el tramo final de la campaña electoral vasca nos retrata a todos en tanto nos obliga a pronunciarnos sobre cómo deben gestionarse en público y en privado los recuerdos de quienes vivimos los años recios de aquella banda criminal. Pero retrata, sobre todo, a quienes instrumentalizan su memoria por motivos políticos.

La controversia ha desbordado los límites de un territorio metido en urnas. A escala nacional se refleja en los medios y en la calle, tal vez incluso con más ruido que el ecosistema socio-electoral vasco, según dicen algunos. En términos políticos, retrata a los contendientes que van a disputarse los 75 escaños del parlamento vasco.

Nada nuevo en ese sentido. Ya sabíamos que el Gobierno de Sánchez vive en una contradicción permanente. Nadie puede hacerse de nuevas por el hecho de que siga contando con Bildu como costalero parlamentario mientras se escandaliza porque el candidato de Bildu es incapaz de llamar a ETA por su nombre: banda "terrorista".

Lo nuevo es que el partido que va de alternativa de poder a escala nacional también se preste a renunciar tácticamente a su declarada reprobación de Eta y sus continuadores políticos. Esa aversión da un paso atrás si con ello se evita engordar la cosecha de votos del PNV. La ecuación ha sido verbalizada por el candidato del PP, Javier de Andrés, en los siguientes términos: "El miedo a ETA da votos al PNV".

Aunque desde el punto de vista técnico la reflexión es acertada, desde el punto de vista moral cuestiona la incondicionalidad de la condena por tierra, mar y aire a los continuadores políticos de ETA. Y en el fondo pone en evidencia que tanto el PSOE como el PP limitan la universalidad de sus principios éticos. Si las convicciones dan un paso atrás frente a las conveniencias, según el contexto, los dos grandes partidos se equiparan por contradictorios y por tacticistas. Ninguno está en condiciones de tirar la primera piedra contra el otro.

El apedreamiento es recíproco y es interminable. Mientras el presidente del Gobierno acusa a Feijóo de pactar con VOX al tiempo que estigmatiza los pactos del PSOE con Bildu (para Sánchez, Vox es más tóxico que Bildu), Feijóo se revuelve contra el "fariseísmo" de Sánchez por pactar con Bildu "para después demonizarlo en plena campaña electoral".

La coartada de Sánchez también es técnicamente acertada: "Estamos en minoría y hay que hablar con todos, salvo con Vox". Pero también procede de un pensamiento socialista, el de García Page, la advertencia de que una cosa es contar con Bildu si llega el caso, porque tenemos una Constitución muy incluyente, y otra es convertirlo en un socio decisivo. Entiende Page que Bildu no debe ser en ningún caso ser determinante para decidir en cuestiones nacionales de mayor cuantía. Y tiene razón.