MADRID 10 May. (OTR/PRESS) -
Como andará de apremiado el lehendakari que se ofreció a encontrarse con Zapatero este mismo fin de semana, aprovechando la escapada del presidente del Gobierno a Baracaldo con motivo de la "Fiesta de la Rosa", En Moncloa, donde están disfrutando con las prisas del PNV, hubo risa floja, claro. Pero como la cortesía institucional se impone, cinco minutos después citaron a Ibarretxe para el próximo martes 20 de mayo.
También hubo una carta previa del lehendakari. Y, unos días antes, en los desayunos de Europa Press, una casi angustiosa reclamación pública del presidente del PNV, Iñigo Urkullu, incluso bajo amenaza de choque de "locomotoras", si Zapatero no recibía inmediatamente a aquel ¿Y para qué las prisas? Es por lo del lehendakari, que se repite. O sea, el llamado Ibarretxe bis. De eso quiere hablar en Moncloa con Zapatero.
Un laberinto de palabras polivalentes y conceptos difusos articulados para reclamar un marco jurídico-político a la medida del nacionalismo vasco. Si nos abrimos paso entre el camuflaje semántico ("bloqueo", "conflicto político", "identidad", "problema histórico", "derecho a decidir".), se trata en definitiva de obtener el aval del Gobierno para desbordar la Constitución Española y dotar a Euskadi de un nuevo marco jurídico-político.
Es de locos imaginar el supuesto, por remoto que sea, de un presidente del Gobierno de la Nación capaz de prestarse a semejante cambalache. Si en algunos momentos de la pasada Legislatura pudimos predicar de Zapatero la insoportable levedad de sus convicciones nacionales frente a las presiones nacionalistas, el mensaje de las urnas y el nuevo discurso público del presidente del Gobierno -"aventuras, ni una"- permiten anticipar que Ibarretxe saldrá con las manos vacías de Moncloa cuando acuda a la cita dentro de diez días. Por cierto, con apenas un mes de antelación al 27 de junio, fecha prevista para que el Parlamento Vasco ratifique un acuerdo Madrid-Vitoria, con posterior convocatoria de una "consulta" popular. Ni lo uno ni lo otro llegarán a rebasar nunca el propio imaginario del lehendakari.
En la parte más visible del transfondo político del asunto se detecta una singular batalla de gestos entre unos nacionalistas en horas bajas (el PNV fue castigado en las urnas del 9-M) y unos socialistas vascos que aspiran a ganar las próximas elecciones autonómicas. Razón de más para descontar el portazo de Zapatero a Ibarretxe el 20 de mayo. Eso sí, con buenas palabras. La razón es que Zapatero no quiere achicar el espacio político de López. Y además puede invocar el mensaje bipartidista salido de las urnas el 9-M: suben nacionales, bajan nacionalistas.