MADRID 19 Feb. (OTR/PRESS) -
Alguien dijo en el Congreso este martes (alguien del PNV, creo recordar) que lo de prohibir o no prohibir en España el embozo de las mujeres musulmanas (burka y niqab) en espacios públicos no es asunto baladí y, por tanto, debería tratarse. Pero "en serio". Y, por supuesto, sin relacionarlo con el fenómeno migratorio.
Bingo.
Ninguna síntesis del columnista podría mejorar tan sencilla referencia al debate sobre la fallida proposición de ley orgánica planteada por Vox y apoyada con entusiasmo por el PP en el marco de sus ritos de apareamiento con el partido de Abascal. El no mayoritario de los diputados a la tramitación parlamentaria de la iniciativa no evitó el bochorno de una derecha prohibicionista y una izquierda feminista equiparadas en una artificiosa defensa de la libertad de la mujer.
En nombre del bloque de la derecha, la portavoz del PP, Ester Muñoz, reclamó el portazo a "quienes les moleste que las mujeres sean libres e iguales". Y en nombre del bloque izquierdista, el portavoz del PSOE, Patxi López, sostuvo que el burka es un signo de libertad. Manda huevos, que diría Trillo, aquel sentencioso presidente del Congreso.
Lo desalentador es que los partidos se dedicaron a lanzar piedras de ida y vuelta en nombre de la dignidad de la mujer. Especialmente los dos centrales, el que gobierna y el PP que aspira a gobernar, empeñados día a día en renovar la anomalía democrática que les incapacita para remar juntos en asuntos de interés general, como en este caso, ante una iniciativa legislativa que afecta a los derechos fundamentales.
Dos vectores concurren en este debate, aparcado de nuevo en el capítulo de asignaturas pendientes. Uno es, como queda dicho, la dignidad de la mujer o, si se quiere, la defensa de la condición femenina en el cruce de lo cultural con lo religioso. O al revés. Y el otro, en un plano estrictamente civil, la seguridad ciudadana, pues el embozo del rostro puede ser un recurso para delinquir.
Sobre la dignidad de la mujer, conviene escuchar a las mujeres y sus asociaciones. Y en cuanto a la seguridad ciudadana, entiendo que el uso del burka o del niqab en España es minoritario. No está tan generalizado como para generar un problema de orden público. Nada que ver con lo ocurrido en el famoso Motín de Esquilache (1766), cuando el embozo y las capas servían para ocultar armas o mercancías de contrabando.
Y tampoco es lo mismo el burka (una "mazmorra textil", en palabras de la portavoz de Vox, Blanca Armario) que el niqab (deja los ojos al descubierto, como un burka sin rejilla). En todo caso, ya está legislado que no hay embozo que valga ante eventuales requerimientos policiales en tareas de identificación.