MADRID 14 Jul. (OTR/PRESS) -
Una de las conclusiones de la cumbre de neurocientíficos que acaba de celebrarse en Barcelona es que el estrés mata las neuronas. El avance de la ultraderecha en Francia y en España pone a sus gobiernos en modo "alerta antifascista". De ahí que ambos hayan sindicado sus averiadas neuronas contra el expresidente Mariano Rajoy.
Así de necesitados están de fabricar motivos artificiales para indignarse. En este caso, mediante la absurda, estúpida y malintencionada adscripción del expresidente a las tesis racistas de la ultraderecha. Más forzada, más artificial, no puede ser su impostado cabreo por la venial alusión a una selección francesa "sin franceses", después de reconocer y elogiar la excelencia del equipo en vísperas de su partido con España.
Un recado de 4 cuatro palabras ("eso sí, sin franceses") en el contexto de un artículo de 435 en un diario digital. Cuatro palabras de puro fogueo que a algunos les parece artillería pesada. Hasta al punto de calificar de "racista" al expresidente en desafinadas voces del gobierno de Macron en Francia (bueno, el de Lecornu) y el de Sánchez en España.
Los dos comparten el estrés porque no son capaces de impedir un eventual salto de la ultraderecha al poder. Parcial en el caso de España. Total, en el de Francia. Curiosa coincidencia en dos gobiernos, uno a la derecha y el otro a la izquierda, en la misma prisa por abalanzarse sobre Rajoy y considerar "inaceptables" sus referencias a una selección plagada de jugadores de ascendencia no francesa.
Pero, franceses, claro que sí.
¿O es que un registrador de la propiedad, como Rajoy, necesita que le expliquen cómo se accede a la ciudadanía en un país democrático, solo por utilizar un recurso retórico en un artículo de opinión?
Sin embargo, nada menos que la ministra de Ultramar del país vecino, aun a sabiendas de su afinidad política con Rajoy (más que con Sánchez, por supuesto) ha metido la cabeza en el ventilador de tan forzada polémica alineando a Rajoy con quienes profesan "un odio metódico y normalizado hacia Francia". Eso sí que es sacar los pies del tiesto.
A ver si nos entendemos. Todos los ataques racistas son inaceptables. Ni Rajoy ni nadie que tenga dos dedos discutirá eso. Atribuírselo, como ha llegado a hacer el propio Pedro Sánchez, es producto de la maledicencia o de neuronas al borde del agotamiento.
Aplíquese el cuento el ministro Oscar Puente, que también ha metido la cabeza en el ventilador de la polémica al calificar a Rajoy de "idiota postfranquista". Alguien debería ponerle un bozal al titular de Transportes. Y de paso, hacerle ver que, en todo caso, es de peor condición defender a ese otro expresidente que dejó la Moncloa para convertirse en un vulgar comisionista.