MADRID 14 Jul. (OTR/PRESS) - Elche tiene playa. No para ir andando, porque dista unos 20 minutos en coche, pero en su término municipal hay un tramo de playa de unos 4 kilómetros. Se llama los Arenales del Sol, y a su reclamo, tranquilidad y belleza, acuden miles de personas, y se han construido cientos y cientos de apartamentos, a los que el municipio cobrará el IBI correspondiente y, también, tendrá que prestarles servicios.
Todos los años, en ese tramo, desde donde puede avistarse Alicante, se instalaban cuatro o cinco lugares de hamacas de alquiler, acompañadas del clásico chiringuito playero, donde se podía comprar un helado al niño, tomar una cervecita o comer. Naturalmente, los chiringuitos contaban con tres o cuatro cabinas para servicios inherentes a la fisiología humana, porque los bañistas llevan poca ropa, pero no son ángeles. Este año no hay nada. Parece que la Dirección General de Costas considera que ha avanzado algunos centímetros el agua, y no es conveniente que haya un chiringuito a 20 metros de la orilla. Eso no quiere decir que la playa esté cerrada, no. Se puede acceder a la playa, sin que un funcionario de la Dirección General de Costas te interrogue, antes de bañarte, sobre cuáles son tus intenciones, ni tampoco hay que solicitar permiso, ni proporcionar un carnet. El acceso es libre. Y acuden cientos de personas. Eso sí, como no te lleves la nevera portátil de casa, ninguna posibilidad de adquirir una botella de agua mineral fresquita. Y, naturalmente, el nivel de urea de las aguas subirá considerablemente, al no haber urinarios. ¡Si sólo fuera eso! Porque en esos cuatro kilómetros. los cientos y cientos de mujeres, hombres y niños, no sufren de estreñimiento, y pasan varias horas en la playa. ¿Qué hacer cuando el abuelito te diga que el colon está repleto y reclama su función de salida? ¿Llamar a Costas un sábado de julio a las seis de la tarde?
El Ayuntamiento de Elche ha construido funcionales y estéticas pasarelas de madera, que preservan la zona natural y permiten un acceso cómodo a la playa. Incluso hay un aparcamiento de tierra. Pero, eso sí, la playa sólo está recomendada para ángeles -que carecen de estómago e intestinos- o bien personas de estreñimiento duradero, capaces de resistir un gazpacho de bote, y mantenerse imperturbables hasta la caída del sol. Quienes no posean esa resistencia me imagino que, a la hora de cumplir con las obligaciones fisiológicas, tras adentrarse en zonas alejadas de la curiosidad, cumplirán el último acto de la función digestiva, en honor de la ley de costas y la BURROcracia ciega e inmisericorde.