Publicado 13/03/2014 12:00CET

Antonio Casado.- En nombre de la verdad

MADRID, 13 Mar. (OTR/PRESS) -

Parecía que iba a ser el aniversario de la reconciliación entre víctimas, políticos y periodistas, después del propósito de la enmienda y un principio de rectificación entre los escribanos de la conjura, también conocidos como conspiranoicos. Hubo de eso, pero no lo suficiente como para ahuyentar la tentación de algunos por seguir buscando en los escombros del 11-M esa caja negra que demuestre de una vez por todas que aquella salvajada solo pretendía echar al PP del poder.

Si el cura va a peces, qué no harán los feligreses, dicen en mi pueblo. Aplíquese el cuento al saliente presidente del Episcopado, monseñor Rocuo Varela, que no predica con el ejemplo. O sea, que también ha caído en la tentación de preguntarse en público por el autor intelectual de la masacre. Nada menos que en el funeral celebrado en la Almudena, ante las altas representaciones del Estado.

Durante la homilía desbordó los límites de su oficio al decir que los atentados del 11-M pretendían "oscuros objetivos de poder". Es un milimétrico alineamiento con las tesis de quienes nos convocan a seguir buscando la verdad, pero no al modo de Santo Tomás, cristianizador de Aristóteles, sino como acusación indirecta contra quienes la tienen secuestrada.

Se supone que policías, jueces y fiscales: los artesanos de la verdad oficial, la tejida en el bastidor del estado de Derecho, frente a la "verdad" (subversiva, claro) aún por descubrir. Si está por descubrir, caben "verdades" alternativas tan peregrinas y tan venenosas como alcance la imaginación. Ése es el truco que también utiliza Rouco. Al decir que los objetivos de poder eran "oscuros", tira la piedra y esconde la mano. Es decir, insinúa que detrás de la masacre estaba la política pero como la intención es "oscura", se excusa de tenerla que racionalizar. Y, por tanto, su alegato cobra el mismo valor que las insinuaciones del ex presidente Aznar de que el autor intelectual de la masacre habita entre nosotros y no en "lejanas montañas" o "remotos desiertos", pero también hace el mismo daño.

A palabras necias, oídos sordos. Con mal resultado, porque ante estos ruidosos cruzados de la "verdad" reina el silencio de los indolentes. No hay palabras para rebatir lo obvio: la búsqueda de la verdad. Nadie puede oponerse a eso ¿Quién no está de parte de la verdad? Según ellos, los que callamos la boca cuando alguien se pone estupendo advirtiendo de que el cierre de heridas no nos libera de seguir investigando porque todavía no sabemos quién lo hizo. Como si los demás hubiéramos decidido pasarnos al bando de la mentira y la ocultación.

Sin perjuicio de eventual revisión si aparecen hechos nuevos, la única verdad disponible y no imaginada es la judicial, la que nos explica quienes fueron los autores materiales e intelectuales de la masacre: los 21 condenados por el tribunal y los 7 terroristas que se suicidaron en Leganés, según se desprende del trabajo duro, esforzado, meritorio y paciente de policías, fiscales, jueces, peritos y cientos de testigos. Un respeto, por favor.

OTR Press

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