Antonio Casado.- La paradoja separatista

Publicado 27/03/2018 8:00:46CET

MADRID, 27 Mar. (OTR/PRESS) -

De sarcasmos y paradojas está construido el llamado "procès", cuyo discurso está reñido con la verdad y con la ley.

Parece una broma pesada, pero quienes tiran contenedores contra los mossos y amenazan al juez Llarena, cachorros de la CUP, son los mismos que, unidos por la espalda con el juez, han puesto en marcha el reloj de las previsiones institucionales y han dado en el Parlament el golpe de gracia al independentismo.

Un sarcasmo. El juez, por quererlos dentro de la ley en defensa del Estado de Derecho. Y la CUP, por quererlos fuera, instalados en la desobediencia. Ambos han dejado descabezada la causa del separatismo. Llarena precipitó la detención del gran timonel, Puigdemont. Y los cuatro diputados de ese grupo político hicieron imposible la investidura del candidato Turull.

No solo en la desobediencia y el desacato están instalados los llamados "anticapitalistas". También en la violencia perpetrada contra lo que ellos llaman "Estado represor". Ahí sí coinciden al cien por cien con el discurso del oficial (ERC, JxC y PDeCat), paradójicamente cargado de pacifismo, pues su argumento recurrente es que no practican la violencia.

Discurso tramposo donde los haya. No solo porque se distrae en un posible agravante (la violencia) olvidando el tipo penal que se persigue (rebelión contra el Estado legítimamente constituido), sino también porque los hechos desmienten el supuesto pacifismo de la causa independentista. Unos han sido relevantes en el auto de procesamiento (jornada del 20 de septiembre). Otros se dan de tanto en tanto en la calle en flagrante reiteración delictiva de carácter coral, como el delito de rebelión.

Presumir de pacifistas e ignorar el pecado de la rebelión les permite hablar de "Estado represor" y "democracia enferma" porque se les persigue por sus ideas. Es como si un conductor que se carga a un ciclista por saltearse un semáforo en rojo llora de rabia porque no se respeta su derecho a la libre circulación (art. 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos).

Quedarse en el enunciado del derecho olvidando la obligación de cumplir las normas y no colisionar con el cumplimiento de otros derechos no habilita al ciclista a ponerse estupendo alegando que la sociedad (el Estado, que es la sociedad jurídicamente organizada) no le garantiza un juicio justo porque lo que quiere es vengarse de él.

El otro día en la radio, el portavoz de JxCat, Eduard Pujol nos decía que en ninguna democracia ocurre lo que en España, donde no se respeta el resultado de las urnas. Tiene razón en o primero: en ninguna democracia ocurre que una facción política pretenda que pase por algo normal el desacato, la rebelión contra el Estado, o el intento de trocear unilateralmente el principio de soberanía nacional.

¡Qué pereza!

OTR Press

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