Publicado 23/11/2021 08:01CET

Antonio Casado.- Plaza de España

MADRID, 23 Nov. (OTR/PRESS) -

Entre solistas y chiquilicuatres, el chotis suena mejor que nunca al margen de los culebrones. En el tiempo de la crispación y los partidismos de la política madrileña, he aquí una obra iniciada por la izquierda y rematada por la derecha.

Tal día como hoy quedó abierta al público la magna remodelación urbanística de la plaza de España. Aunque para el rito inaugural haya salido en la foto su actual alcalde, José Luis Martínez Almeida, la idea y el diseño de la reforma se fraguaron durante el mandato de la alcaldesa Manuela Carmena. Y de hecho las obras empezaron n en vísperas de las elecciones municipales del 28 de mayo de 2019, las que abrieron el camino de Almeida hacia el despacho de Cibeles.

Dos años y medio después, la obra resplandece a mayor gloria de Madrid. Una ciudad que, como dejó escrito Umbral, "va creciendo desde dentro hacia su propio mapa, con tacto de araña y decisión de acero". Una descripción ajustada al significado del hito urbanístico llamado a modificar el centro de gravedad de la capital de España.

Del acero hablaba Umbral. Del acero, el cristal y el hormigón procede hablar cuando toca cantar la rendición de esos materiales a la belleza de un conjunto de 37.000 metros cuadrados (pongan ustedes casi otro tanto de áreas adyacentes que también han tenido que ser modificadas) que dejan a la historia felizmente casada con la modernidad.

La nueva plaza de España es un paraíso del paseante, hecho para el sosiego, a la medida de las personas libres de urgencias. Va a ser el corazón de Madrid, sin desmerecer el protagonismo de las glorietas. Los selfies para la Puerta del Sol, Neptuno, Cibeles o la Puerta de Alcalá. Para el paseante sediento de sensaciones, la nueva plaza de España.

Con el tráfico sorteando bajo tierra las recuperadas caballerizas reales o el palacio de Godó, desde hoy cuentan los madrileños y los turistas con este paraíso de los peatones. Se les ofrece la estampa de Don Quijote y Sancho vigilando la maravillosa equidistancia al templo de Debod, el Palacio de Oriente, el Palacio de Liria y el Madrid del "no pasarán" (Casa de Campo y Gran Vía).

Cuántos destellos del pasado hasta ahora encogidos frente al tráfico avasallador y cuánta modernidad lograda por el módico precio de unos setenta millones de euros. Lo digo sin el menor asomo de ironía. Es un precio muy bajo si lo comparamos con la monumentalidad de este milagro urbanístico que va a marcar la personalidad de la capital de España a partir de ahora.

Un excelente trabajo de los arquitectos Fernández Porras, Lorenzo Fernández y Aránzazu La Casta ("Welcome Mother Nature, Goodbye Mr Ford", se llamaba la propuesta ganadora del concurso en 2017).

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