Antonio Casado.- Rubalcaba manipulado

Actualizado 21/11/2009 13:00:47 CET
Actualizado 21/11/2009 13:00:47 CET

Antonio Casado.- Rubalcaba manipulado

MADRID, 21 Nov. (OTR/PRESS) -

Después de una acalorada discusión del ministro Rubalcaba con los diputados del PP González Pons y Carlos Floriano, en los pasillos del Congreso, al primero de ellos se apresuró a acusar al ministro de haberles insultado, de haberles amenazado, de reconocer que les escucha y les ve, como el gran hermano de Orwell ("1984") y de haber perdido los papeles. En ese plan, "Rubalcaba no puede seguir ni un minuto más al frente del Ministerio del Interior", según Pons.

Quienes tuvimos la ocasión de pasarnos aquel día por el Congreso de los Diputados y escuchar en caliente todas las versiones del rifirrafe, las de los compañeros y las que dieron luego tanto Pons como Rubalcaba, estamos en condiciones de asegurar que la frase atribuida al ministro, "Yo veo y oigo todo lo que haces y dices", fue una manufactura mediática elaborada por el diputado y portavoz nacional del PP, el susodicho Pons.

El incidente encaja en la ruidosa ofensiva del PP contra el supuesto uso ilegal del SITEL (interceptación de comunicaciones) por parte del Gobierno. Los ánimos ya venían caldeados desde el hemiciclo, en el turno de preguntas. En este caso, formuladas por Carlos Floriano. La tesis del ministro fue la misma fuera que dentro. No dijo nada distinto en el hemiciclo, a preguntas del diputado Carlos Floriano, que en los pasillos, donde se trasladó la tensión. Se encaró con el diputado y repitió el argumento: "Si ustedes tienen pruebas, vayan a los tribunales. Y si no, tendré que hacerlo yo".

Al negar Floriano haber sostenido que Rubalcaba se dedica a espiar a dirigentes del PP, el ministro replicó, más o menos así: "¿Cómo que no?, si no paráis de decirlo, si os oigo y os veo a todas horas repitiendo la misma cantinela". Esta parrafada fue convertida por el portavoz del PP, González Pons, en el siguiente titular: "Oigo todo lo que decís y veo todo lo que hacéis". Como si fuera el gran controlador. Pero si lo fuera, nunca lo reconocería en público, y menos delante de los espiados.

Probablemente tuviera razón Pons cuando acusó a Rubalcaba de haberse puesto muy nervioso y haber perdido los papeles. Aunque yo no hablaría de nervios sino de indignación. Lo normal es que un ministro del Interior se indigne si le acusan de espiar a sus adversarios políticos o de alentar la colaboración policial con una banda terrorista. Esas dos pedradas las había vuelto a recibir por parte del PP aquella mañana.

Es natural que no estuviera en las mejores condiciones de hacer amigos. Luego compareció ante los periodistas para dar su versión, media hora después, y no mostró el menor signo de estar nervioso o desquiciado. Ni perdió los papeles ni amenazó a nadie. Estuvo, como de costumbre, sereno, expresivo y razonador. Pero en el partido que quiso engañar a los españoles sobre la autoría de los atentados del 11-M todavía le tienen muchas ganas. Ahora vuelve a estar en la picota por el caso Faisán y el uso del programa SITEL.

ANTONIO CASADO

OTR Press

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