Antonio Pérez Henares.- Credibilidad a la altura del Nicolasejo.

Publicado 09/12/2014 12:00:17CET

MADRID, 9 Dic. (OTR/PRESS) -

El programa económico de Podemos, el de hace un mes, el de ahora o el que se les ocurrirá el año que viene, tiene la misma credibilidad que las "misiones" internacionales presuntamente encomendadas al Nicolasín. Y, en realidad, ni a los unos ni a los otros les cree nadie según que cosas. Pero, en el fondo, eso da igual que da lo mismo. No es cuestión de realidad sino de venganza.

La trasmutación de Pablo Iglesias y sus colegas de Facultad, la dirección del partido es la del Departamento de Políticas, en presuntos socialdemócratas no resiste una hemeroteca, aunque ahora se rasguen las vestiduras porque el director de "24 horas de TVE" le pregunte si se congratula de la excarcelación de etarras. Nada más lógico el día de la puesta en libertad por una polémica, y a mi juicio fraudulenta, decisión de una sala de la Audiencia Nacional, de Santi Potros ni nada más pertinente si a quien se le pregunta ha declarado previamente que a su entender sería muy positivo que proceder a una excarcelación de los etarras presos.

Y todavía se hubiera reforzado más la pregunta si a los interrogantes se hubieran añadido las imágenes de aquella francachela revolucionaria de final de su pasado Congreso donde tanto él como su segundo al mando, Errejón, aparecían cantando, puño en alto como ordenan lo cánones, la internacional flanqueados por un condenado por apología del terrorismo, el seudorapero Pablo Hasel, autor de letras tan "pacifistas" como "Merece la pena que explote el coche de Patxi Lopez". "No me da pena tu tiro en la nuca, pepero". "No me da pena tu tiro en la nuca, socialisto". Quizás también hubieran servido las imágenes, que hacen todo lo posible porque la gente no pueda verlas, para "corroborar" su afirmación en ese mismo espacio y minutos después de que no eran comunistas para nada. Pues hombre se parecían mucho y no veo porque avergonzarse ¿o sí? ¿o es que ahora toca camuflarse?.

Las castas sindicales televisivas no tardaron ni un segundo en poner el grito en el cielo. El dirigente de UGT ha dado hasta ultimátum. Según su razonamiento si un día aparece por los estudios Cándido Méndez estará prohibido preguntarle por los fraudes de los cursos de formación, las facturas falsas y los trapicheos con los Eres que tienen acorralado a su sindicato en Andalucía y no digamos ya por la tarjetas negras de Caja Madrid, a la que no hicieron ascos sus compañeros, entre ellos el ex secretario general de Madrid.

Están muy enfadadas las tropas podemitas por las redes (400 voluntarios, confesado por ellos mismos, las anegan cada vez que interviene el Mesías con grandes hossanas al líder y todo tipo de descalificaciones, insultos y denuestos contra quien ose criticarlo) y están muy tensos sus dirigentes con medios que ayer eran amigos, hasta llegar a la burda mentira para ocultar que quieren seguir acudiendo como fiscales de todos y sin que nadie les replique.

Todo viene porque de vez en cuando y tras la entrevista de Ana Pastor en la Sexta, los periodistas les preguntan por sus cosas y les señalan contradicciones entre sus dichos y sus hechos. Errejón ya ni asoma sus gafitas inquisidoras por los púlpitos tertulianos porque sabe que, aunque sea por vergüenza torera, alguien habrá de preguntarle porque no devuelve los 16.335 euros (a razón de 1.815) de la beca-enchufeque ha trincado de la Universidad de Málaga sin aparecer por el curro y entregando papeles viejos para disimular la vagancia. Que hable de casta y reparta carnet de ética quien se lo embolsa por la cara cuando un médico que se lo ha currado años y sacado a golpe de esfuerzo plaza en un hospital publico ande por los 1.400 euros no es nada edificante.

Ni creíble. Pero como decía de entrada en esto como en el caso del Nicolasejo ese que sacan tanto y con gran éxito de publico es lo que menos importa. Estamos en otras cosas y no deja de apenarme que muchos de mis conciudadanos parezcan abducidos por semejantes historias. Pero esto es el circo y esto es España, señores.