MADRID 19 Dic. (OTR/PRESS) -
En Cataluña, donde las previsiones de asistencia a las urnas apuntan a récord, no es precisamente voto indeciso lo que hay, sería toda una contradicción con el intenso deseo de votar que expresan. No. Lo que hay es voto oculto, del quien no quiere decírselo bajo ningún concepto al encuestador de turno. Y no hace falta ser un lince, dado el ambiente opresivo nacionalista en que ha vivido la comunidad, para entenderlo y poder maliciarse el sentido que este puede tener.
La clave va a estar, y esto si será decisivo, en el porcentaje de participación. Y si supera el 80% el 21-D puede haber grandes sorpresas. Un dato a tener en cuenta: Como axioma general la sociología señala que esas movilizaciones masivas a las urnas son la puerta de los cambios. Así ha sucedido casi siempre.
Las últimas encuestas publicadas el viernes, último día permitido por la ley, señalan, y eso es lo único que en verdad puede extraerse de una encuesta y más en circunstancias tan atípicas como estas y teniendo además en cuenta ese voto oculto como pimienta, algunas tendencias generales. La más significativa: El separatismo retrocede en votos y en escaños. ¿Cuánto?. En votos, cerca de un 3% hasta un 45% (suma ERC,JPC y CUP) y en escaño hasta la posible perdida de mayoría absoluta, situada en 68, ahora tenía, cifra que tan solo supera por los pelos en dos de las encuestas estudiadas y hasta en estos casos solo en el tramo más alto, pues en el bajo, no llega en ninguna de ellas quedando entre 2 y 5 escaños por debajo. La horquilla media del conjunto de sondeos se establece en 65-67. Existe pues una posibilidad que ha ido incrementándose levemente de que el separatismo pierda también esa mayoría absoluta parlamentaria, a pesar de los beneficios electorales de representación en Gerona y Lérida que tiene, y que su apoyo social, que tan poco tuvieron la vez anterior, cada vez quede más lejos de la mayoría entre la población catalana.
La previsión de los sondeos es que en porcentaje de voto los constitucionalistas alcancen o hasta superen a los separatistas, aunque luego sean castigados en la distribución de escaños, y lleguen también a un 45% pero se queden alrededor de los 60 escaños. Pero, insisto, eso es lo que dicen las encuestas. Y en este caso ni siquiera las famosas israelitas, a pie de urna, me parecen fiables. Bien saben quienes las hacen que si siempre y ya no digo en los últimos tiempos se producen serios fiascos prospectivos, en esta ocasión la dificultad de acertar es extrema. Máxime cuando una buena parte del electorado, que esta vez parece que si va a ir a votar, no le da la gana de decir a quien. Aunque lo tenga desde hace mucho totalmente decidido.