Cayetano González.- ¡Vamos España!

Actualizado 03/07/2012 14:00:39 CET

MADRID, 3 Jul. (OTR/PRESS) -

Es evidente que el histórico triunfo de la selección española de fútbol en la final de la Eurocopa no va a paliar la grave crisis económica que padecemos, ni va a resolver los dramas de cada uno de los más de cinco millones de personas que no tienen trabajo, ni va a aliviar la situación del cerca de millón y medio de familias en los que no hay ningún ingreso porque todos sus miembros están en paro. Pero, al menos, lo que han conseguido los chicos de Vicente del Bosque es proporcionar unos momentos de alegría a un país que vive desde hace tiempo angustiado por la situación económica. Esa alegría se desbordó en muchas calles de España en la noche del pasado domingo y tuvo su continuación con el multitudinario homenaje a los campeones en la tarde del lunes durante su recorrido por las calles de Madrid con parada final en la mítica Plaza de la Diosa Cibeles.

Y han conseguido algo más. Han demostrado ser un grupo de muy buenas personas que cuando se trabaja en equipo, sin buscar el protagonismo personal; cuando se supeditan los intereses personales a los colectivos, los éxitos son más fáciles de alcanzar. Todo ello aderezado con esfuerzo, pasando muy malos momentos -recordemos la angustiosa semifinal contra la Portugal de Cristiano Ronaldo ganada en los penaltis-, aparcando las quitas internas que pudieran existir entre los jugadores del Real Madrid y del Barcelona como consecuencia de la rivalidad entre ambos clubes. Por si faltara algo, el equipo tenía un gran director de orquesta: una persona sobria en la expresión, austero y, sobre todo, con enorme sentido común que sabe transmitir en todas sus acciones.

Por poner algún "pero" a este gran éxito deportivo, aunque no solo, habría que lamentar que algunos jugadores no acaben de entender y/o de aceptar que forman parte de la selección de un país llamado España y, por lo tanto, en el momento de la celebración, desentona que se envuelvan exclusivamente en la bandera de su comunidad autónoma como si fuera el único símbolo que en esos momentos quisieran lucir. Bastaría que esos jugadores -mayoritariamente del Barca- se hubieran fijado en la grada del estadio de Kiev o sus familiares y amigos les hubiesen enviado fotos de los balcones de muchas ciudades de España para caer en la cuenta que la bandera que de forma casi mayoritaria se exhibía es la que nos une a todos, la roja y gualda, por encima de localismos o nacionalismos exacerbados. Pero, en fin, de aquellos polvos vienen estos lodos.

Por lo demás, todo perfecto. ¡Ojalá! este triunfo de nuestra selección sirva para inyectar algo de optimismo a una ciudadanía castigada a diario desde hace ya bastante tiempo por malas noticias. Y que nuestros gobernantes -tanto los que están en el poder como en la oposición- tomen buena nota del camino que hay que recorrer para lograr los éxitos colectivos.