MADRID 14 Ago. (OTR/PRESS) -
La política es gestión, transparencia, cuidado de lo público, respeto al Parlamento y a las minorías. La política requiere de diálogo y de legítima confrontación, pero todo esto se duele cuando no se sabe estar. Y saber estar es gestión, pero más sutil, pero no por ello menos necesaria.
Ejemplo claro del no saber estar lo tenemos en Ceuta. Hasta tal punto ha llegado ese no saber estar que la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha recibido unas merecidas loas por el hecho de haber estado en la ciudad autónoma y, en lugar de refugiarse deprisa y corriendo en su coche oficial, se acercó a un grupo de gente que, como es fácil de entender, no estaban precisamente contentos. La ministra se acercó a ellos sin saber si iba a recibir muchos o pocos improperios. Ella tuvo la oportunidad de escuchar en vivo y en directo el sentir de la inmensa mayoría de ceutíes y los ciudadanos allí congregados tuvieron la oportunidad, la única de momento, de acercarse a alguien con mando en plaza.
Esta proximidad con gentes que lo están pasando mal es saber estar. Los demás ministros han realizado visitas casi de compromiso y encima con discursos contradictorios con los mensajes que llegan de Marruecos. Robles no mencionó al país vecino pero seguro que Mohamed lo ha entendido a la primera.
Se ha alabado el gesto de la ministra por el hecho en sí y por lo que tiene de inédito en un miembro del Gobierno, empezando por su Presidente que estuvo en Ceuta apenas dos horas para hablarnos de mafias (?) pero sobre todo para dejar claro que Marruecos es un socio fiable. Acabó la jornada ya de vacaciones con un vídeo aconsejando qué música escuchar. ¿Es esto serio?. Es esto lo que los ciudadanos esperan de su Presidente?.
Quizás sea posible que millones de españoles ya no esperen que su Presidente sepa estar. Es más que comprensible que así sea porque rara vez ha sabido hacerlo.
Es verdad que con ocasión de los incendios de Madrid y Ávila estuvo en varias ocasiones en los puestos de mando pero ni una visita a vecinos que si hubiera querido saludarlos bien podría haberlo hecho, o bien visitar alguno de los centros habilitados para los miles de desalojados. Nada.
En Ceuta se siguen viviendo horas difíciles. Ahí está el director del único hospital clamando por refuerzos y medios pero Mónica Garcia, ministra del ramo ha solventado la situación dando a conocer una serie de porcentajes según los cuales en Ceuta, hasta casi, casi, hay, médicos de sobra. A este Gobierno que tanto le gusta hablar de competencias, resulta que la Sanidad de Ceuta es su competencia, no del gobierno ceutí. La ministra, hasta el momento de escribir estas líneas, ni ha aparecido para, por los menos, saludar a sus compañeros de profesión. Esto es no saber estar.
Es verdad que los gestos de empatía, el estar donde se debe, no es algo que resuelva de inmediato los problemas de gestión que como es lógico requieren su tiempo y sus medios, pero para el político de turno valen tanto o más que un buen mitin. La ministra de Defensa, por sí misma no puede arreglar los problemas que acucian a Ceuta, pero ha sabido estar, cosa tan inusual en este Gobierno que ha llamado la atención cuando debería ser un gesto normal y habitual: acercarse a quienes sufren.